26.6.17

Mañana empieza la segunda vuelta. Como no he seguido el calendario que te marca CTO y no me he cogido vacaciones, no sé cómo sentirme ahora. Así que he decidido: preocupada.

De todas formas, mañana se me pasará en cuanto abra el libro de Reumatología y descubra que tengo que hacer lo mismo que en los últimos quince meses y los próximos siete: estudiar. Lo que pasa es que la segunda vuelta es más “estricta” que la primera, en el sentido de que las ocho horas de estudio no te las quita nadie, y si alguien te las quita es para que al día siguiente tengas que recuperar el tiempo perdido. Nunnnca el tiempo es perdido, es sólo un recodo más en nuestra ilusión ávida de cariñooo. También me inquieta (¡sé que es una gilipollez, peeero…!) no haber adelgazado todo lo que engordé en el MIR. Hace un año por estas fechas pesaba exactamente cincuenta y ocho kilos. El día después del MIR pesaba (sí, me pesé. Aquel día hice tres cosas: meter la plantilla, llorar por el pésimo resultado, y pesarme) la friolera de sesenta y cuatro kilos. Nunca había pesado tanto. Ahora mismo el numerito de la báscula dice sesenta y dos. Si se repite la dinámica del año pasado… ¿llegaré al 2MIR18 siendo un ballenato? Hagan sus apuestas.

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17.6.17

Que conste que últimamente no ESCRIBO porque no me sale de la polla. Dicho esto, voy a ESCRIBIR.

Tampoco sé acerca de qué.

Dios mío, esto resulta mucho más patético que cuando lo haces por rutina. Ahora mis dedos parecen torpes. Mi mente, estéril.

Creo que el tema más jugoso a abordar es el de que me estoy quedando sin amigos. Desde que Luisma se fue a Boston, todo a cambiado. Yo ya sabía que esto ocurriría, pero me consolaba pensar que por estas fechas ya sería R1 y las guardias no me dejarían tiempo para pensar en mi inexistente vida social. No contaba, claro está, con tener que repetir el MIR y pasar un año más mendigando un plan a Anabella semana tras semana. Gonfalo no merece ni mención.

Los viernes son aburridos. Los sábados son aburridos. Estudiar de nuevo el MIR no está siendo tan terrible como imaginaba, pero encuentro pocas cosas que me motiven. Lo intento pero… Tengo sueño.

Mucho sueño.

Sumida en el tedio.

Y sola.

El hedonismo hipertrofiado.

En un renovado fanatismo por Pink Floyd, voy a cortarme el pelo como Syd Barrett. Hoy el ruido ambiente me ha despertado antes de las dos de la tarde y no tengo nada que hacer. Excepto estudiar el MIR.

– ¿Si me corto el pelo me desheredas?
– Depende. ¿Cómo de corto?
– Como Syd Barrett.
– ¿Quién es esa?
– Ese.
– Quién es.
– Uno que murió por sobredosis de LSD.
– Dios mío… ¡pues cómo debía de tener el pelo!

Víspera de la elección de plaza.

Visto lo visto, oído lo oído y olido lo olido con respecto a la plaza que podré elegir mañana cuando me suba al estrado, he decidido renunciar. Volver a presentarme. Pero es queeeeee ¡joderrr! Como le decía hoy a mi padre: ¿a mí qué más me da ser médico de familia? Y librarme del puto MIR. Si total… siendo psiquiatra la mitad de los pacientes me van a odiar. Sería tan fácil olvidarme de toda esta mierda… Presentarme mañana a las 8:45 en el Ministerio de Sanidad, aceptar mi plaza y estrechar la mano del señor ministro que, de no ser por la corbata que anuda el cuello de su costosa camisa, podría perfectamente liderar una de esas bandas que, con chándal de tactel y botellín de agua Font Bella para uso y abuso, planean por los hospitales de media España.

10.4.17

Llevo tres semanas estudiando el re-MIR, todavía a la espera de presenciar un milagro el día 3 de mayo, que es cuando me ha convocado el Ministerio de Sanidad para elegir plaza. Y es que aunque aún quede una pequeña ventana abierta a la esperanza de no tener que pasar otra vez por esta puta mierda, lo cierto es que la decisión ya está tomada: quiero darme otra oportunidad.

Estos dos últimos meses han sido casi peores que el propio MIR, por eso sudaba de escribir en el blog y os he entretenido con fotografías que ahora borraré. Hoy me he propuesto retomar este hábito que tantos momentos gratificantes me ha brindado y así aprovechar para lanzar un mensaje de esperanza: ¡luchemos! ¡por amor al arte, luchemos! ¡por amor a nosotros mismos, por amor a la Medicina, por narcisismo puro y duro, por valentía o por locura, por un ideal (Psiquiatría…) o por la dolorosa realidad del 8.161, por no resignarse a ser MAP en Ceuta, por ver reflejado mi estudio en #2MIR18, luchemos!

8.161

Finalmente, todo apunta a que voy a tener que repetir el MIR. ¿Cuál es entonces la moraleja de esta historia, la conclusión que se puede sacar de mi periplo como opositora? Que si tienes un sueño que te controla y te domina hasta el punto de rozar el trastorno de personalidad obsesivo, mi sueño mi sueño mi sueño, lo mejor que puedes hacer con tu sueño es DORMIR para que se te pase.

A partir de ahora voy a tener sueños más moderados. Mi nuevo sueño es ir al Mercadona a comprar aguacates. Hoy son aguacates, pero mañana serán chirimoyas.

#2MIR18 #aporlaplazaaa! #aporlaschirimoyaaas! #aporlosaguacates.

Cuba era una fiesta.

Hostia tío, os juro que es verdad. Madre mía, QUE SÍ! Como si de una broma macabra se tratara, en directo desde La Habana, estoy a escasas tres horas de saber si finalmente podré ser médico de familia en Ceuta o si no podré ser médico en absoluto. Y en pleno ojo del huracán, mientras pulso actualizar actualizar actualizar en la web del Ministerio de Sanidad, en este locutorio cubanohispanocastroinfernal, recibo un e-mail desde la única dirección de CTO que no había bloqueado.

#autoridadesypersonalidadesrelevantes #apúntateYA! #paraquepuedasentrevistarte #2MIR17 #estápasando #FearAndLoathingLaHabana

 

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Proust.

Pensaba que no iba a escribir antes de irme a Cuba pero hoy me he levantado ¿hiperactiva? ¿hipomaníaca? y he decidido dedicar el día entero a hacer la maleta el noble arte de leerunodeesoslibrosquehayqueleer. El libro, bueno el libro… ¡el autor! elegido ha sido Proust. Prrrrrrousttt. Buah, que sonoridad. Es que sólo con decir Prrrrrrousttt ya… eres el rey de Malasaña.

De todas formas, en el improbable caso de que tu malasañesco objetivo a follar sepa quién o qué era Proust, no te dejes intimidar porque te aseguro que él/ella ni de coña se lo ha leído, así que tú ahora léete esto que voy a escribir y parecerás un súper entendido del tema. Al fin y al cabo, ¿no es eso lo que haces siempre?

Mi aventura con Proust ha durado solamente un día. Ha sido exactamente igual que lo que me pasó con Joyce, que a su vez fue exactamente igual que lo que me pasó con Camus. Es broma, Albert Camus sí que me gustó. Lo que sí que ha sido igual ha sido el comienzo: googlear “Albert Camus El extranjero PDF” y leerme el libro. Sorprendente, ¿verdad? Tener ganas de forjarte tu propia opinión acerca de un “consagrado” escritor, buscarte el libro Y LEÉRTELO. Me hace gracia la puta gente que se lamenta de La Era Smartphone en la que nos ha tocado vivir. A ver. Puta gente. Mensaje para vosotros, para ti. Puedes elegir quejarte o puedes elegir descargarte un libro de Albert Camus y ¡pum! la cultura al alcance de tu mano. Y no voy a entrar en el tedioso debate de la piratería en internet; tú eres muy libre de pagar por libros, música y entradas de cine; y yo soy muy libre de no hacerlo.

Pues eso, que he googleado: “Proust El tiempo perdido PDF” y he conseguido leer siete páginas antes de desanimarme. Después he recurrido a Wikipedia, me he informado un poco por encima de quién fue Proust y tal y cual, y he decidido darle otra oportunidad, pero esta vez en lugar de empezar por el principio de su soporífera obra he ido directamente al volumen IV, que es en realidad lo que a mí me había llamado la atención años atrás… Ese pedazo de título… SODOMA Y GOMORRAAAAAA. Pero claro. Pensé que si no me leía primero el volumen I no me iba a enterar de nada. Craso error: es todo la misma mierdaaaaaa. Pero aun así me he leído el libro casi entero, que diréis: cómo te vas a leer doscientas y pico páginas en un día. Ejem… ¿Cuántas páginas tiene el libro de Cardiología de CTO? ¿Y cuántos días te daban no para leértelo sino para ESTUDIÁRTELO? ¿Tres días? Pues eso. Que Proust es una mierda. ¡No me rebatáis, que no tenéis ni puta idea!

Es broma eh. Si alguien quiere hablar conmigo sobre Proust, puede hacerlo porque, al fin y al cabo ¡por lo menos yo me lo he leído!

Posdata: Creo que en realidad estoy tan cabreada porque esperaba que Proust, siendo un homosexual reprimido según Wikipedia, contase algo interesante en el libro de su obra que dedica íntegro a hablar sobre la homosexualidad. Pero no.

Posdata-2: No sé si me estoy explicando todo lo bien que debería, pero es que todo este tema empieza a darme pereza y quiero acabar de escribir esta entrada cuanto antes. Vamos a ver, la famosísima y endiosadísima obra de Proust titulada En busca del tiempo perdido es una novela dividida en siete volúmenes. El volumen que menos páginas tiene creo que son trescientas. Así que referirse a En busca del tiempo perdido como si fuera un solo libro a mí me parece poco acertado, aunque Proust hablara de ello como si fuera un solo libro. Más bien son siete libracos bastante tochos, cada uno de ellos con su título, de los cuales hace años me llamó la atención ese que se titula Sodoma y Gomorra. De vez en cuando es algo que uno se encuentra en las librerías o bibliotecas: ibas buscando otra cosa y aparecen en una estantería los siete libracos, uno de ellos titulado Sodoma y Gomorra. Y encima Proust te suena porque se estudia en el instituto, al igual que Joyce, al igual que Albert Camus. ¿Qué es lo que pasa? Pasa que Sodoma y Gomorra habla de una manera tediosa y bastante pesimista acerca de la homosexualidad. Bueno, y del sexo en general. Habla como si fuera una cosa sucia y oscura. Con respecto a calidad narrativa, recursos literarios, belleza descriptiva, y todas esas cosas que hacen que un libro pueda ser bueno, sí que me parece que Proust escribe bien. Pero ya está.

¡Victoria!

En la madrugada del doMIRgo  (qué fuerte… ¡ya no habrá más doMIRgos!) metí mi plantilla de respuestas en las tres páginas web de las academias que se dedican a este negocio del MIR. Y pues nada, lo he petado bastante. Estoy orgullosa. Estoy enloquecida, no quepo en mí.  Pero sobre todo estoy cansada (disforia sería el término mírico). Menos mal que mañana tengo cita con mi psicóloga, aunque más o menos ya sé lo que debería hacer: marcarme objetivos a corto plazo e intentar dejar de pensar en qué quiero ser de mayor. Pues médico, joder. Quiero ser médico. Y a tomar por culo.

Esta es, de momento, mi lista de objetivos a corto plazo. Si se os ocurre algún otro, añadidlo en los comentarios.

– Dormir. Recuperar un horario normal en cuanto a eso. Ocho horas al día. A ver si pueden ser nueve.
– Hacer deporte. Mucho. Mazo.
– Teñirme las axilas, aprovechando que no las he tenido tan floridas desde los 11 años. Sí, yo soy ese caso clínico que ha caído en el MIR de la niña con pubertad precoz. 11 años y ya era toda una selva. Recuerdo a María Jurado riéndose de mí en el campamento de sexto de Primaria (y a ti también Anabella, cabrona). De hecho esperad, esperad, que me apetece hablar de esto. A mi supuesta mejor amiga ANABELLA le hace mucha gracia contar una y otra vez la anécdota de cómo un día de esos en los que nos disfrazábamos con los pañuelos kilométricos de su madre, yo no sé qué le dije de que me estaban saliendo pelos en el chochis. Anabella se ríe mucho cuando me imita diciendo: “mira, este ya es largo, me lo voy a quitar”. Bueno, mejor que cuente ella la anécdota porque no quiero quitarle su minuto de gloria. Venga Anabella. Te estamos esperando.
– Dormir. Otra vez.
– Comer bien. Esto es muy serio, tengo que volver a currarme los menús.
– Psiquiatría sí psiquiatría no psquiatríasínosínosínosínosínoaaaaahhhhgggg.