El Pico Salvaguardia.

Así se llamaba el barrio donde alquiló mi madre su primer piso madrileño, al comenzar la residencia MIR. Primer piso madrileño, porque el primer piso burgalés fue a los dieciocho años. Y el primero vallisoletano, a los veintidós. Ahí ya se mudó con mi padre, su ex-marido. Qué valor. El primero canadiense, a los veintisiete. El primero estadounidense, a los veintiocho.

Todo esto venía a santo de que hace dos días firmé mi primer contrato de alquiler y mi madre dijo, con tristeza, que esa grillera le recordaba a su piso del Pico Salvaguardia. Y yo pensé: ¿pues bien, no? Es un nombre bonito. Y ella: ¡pero tu piso es HORRIBLE!

Ya me he colegiado. Ya he domiciliado mi nómina en un banco elegido al azar, donde me han puesto la alfombra roja. Ya vivo en un piso pagado con MI dinero. Ya dice la gente: esa chica de ahí, la del pelo rizado, es médico, ¡¡¡médico!!!

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