El hedonismo hipertrofiado.

En un renovado fanatismo por Pink Floyd, voy a cortarme el pelo como Syd Barrett. Hoy el ruido ambiente me ha despertado antes de las dos de la tarde y no tengo nada que hacer. Excepto estudiar el MIR.

– ¿Si me corto el pelo me desheredas?
– Depende. ¿Cómo de corto?
– Como Syd Barrett.
– ¿Quién es esa?
– Ese.
– Quién es.
– Uno que murió por sobredosis de LSD.
– Dios mío… ¡pues cómo debía de tener el pelo!

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Víspera de la elección de plaza.

Visto lo visto, oído lo oído y olido lo olido con respecto a la plaza que podré elegir mañana cuando me suba al estrado, he decidido renunciar. Volver a presentarme. Pero es queeeeee ¡joderrr! Como le decía hoy a mi padre: ¿a mí qué más me da ser médico de familia? Y librarme del puto MIR. Si total… siendo psiquiatra la mitad de los pacientes me van a odiar. Sería tan fácil olvidarme de toda esta mierda… Presentarme mañana a las 8:45 en el Ministerio de Sanidad, aceptar mi plaza y estrechar la mano del señor ministro que, de no ser por la corbata que anuda el cuello de su costosa camisa, podría perfectamente liderar una de esas bandas que, con chándal de tactel y botellín de agua Font Bella para uso y abuso, planean por los hospitales de media España.