¡Victoria!

En la madrugada del doMIRgo  (qué fuerte… ¡ya no habrá más doMIRgos!) metí mi plantilla de respuestas en las tres páginas web de las academias que se dedican a este negocio del MIR. Y pues nada, lo he petado bastante. Estoy orgullosa. Estoy enloquecida, no quepo en mí.  Pero sobre todo estoy cansada (disforia sería el término mírico). Menos mal que mañana tengo cita con mi psicóloga, aunque más o menos ya sé lo que debería hacer: marcarme objetivos a corto plazo e intentar dejar de pensar en qué quiero ser de mayor. Pues médico, joder. Quiero ser médico. Y a tomar por culo.

Esta es, de momento, mi lista de objetivos a corto plazo. Si se os ocurre algún otro, añadidlo en los comentarios.

– Dormir. Recuperar un horario normal en cuanto a eso. Ocho horas al día. A ver si pueden ser nueve.
– Hacer deporte. Mucho. Mazo.
– Teñirme las axilas, aprovechando que no las he tenido tan floridas desde los 11 años. Sí, yo soy ese caso clínico que ha caído en el MIR de la niña con pubertad precoz. 11 años y ya era toda una selva. Recuerdo a María Jurado riéndose de mí en el campamento de sexto de Primaria (y a ti también Anabella, cabrona). De hecho esperad, esperad, que me apetece hablar de esto. A mi supuesta mejor amiga ANABELLA le hace mucha gracia contar una y otra vez la anécdota de cómo un día de esos en los que nos disfrazábamos con los pañuelos kilométricos de su madre, yo no sé qué le dije de que me estaban saliendo pelos en el chochis. Anabella se ríe mucho cuando me imita diciendo: “mira, este ya es largo, me lo voy a quitar”. Bueno, mejor que cuente ella la anécdota porque no quiero quitarle su minuto de gloria. Venga Anabella. Te estamos esperando.
– Dormir. Otra vez.
– Comer bien. Esto es muy serio, tengo que volver a currarme los menús.
– Psiquiatría sí psiquiatría no psquiatríasínosínosínosínosínoaaaaahhhhgggg.

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a 6 días.

Por una parte sudo de escribir esta entrada. Por otra, sé que de un estado anímico tan precario pueden salir genialidades. Llevo unos días muy fructíferos en cuanto a locura mental se refiere y me parece un desperdicio no dejarlo aquí plasmado. Estoy al borde del desfallecimiento. Desfallecimiento no en plan suicidio intelectual de ponerme a ver qué andan haciendo mis youtubers favoritos (que son todos) (es coña) (aunque sí que tengo ahí un tornillo jodido y de verdad estoy algo así como enganchada a algún youtuber), sino desfallecimiento en plan: no puedo con mi vida, doctor.

Lista:

– Hace una semana, Ger perdió mi móvil. Dentro de casa. La señora de la limpieza lo ha encontrado hoy y me he sorprendido a mí misma yendo a buscar el cargador como si fuera una obligación ver qué ha pasado esta semana en guasap / correo electrónico / forocoches / youtube. Así que le he dicho a Maribel que lo volviera a esconder donde lo había encontrado y que no me dijera el sitio hasta después del MIR.

– Me he sorprendido a mí misma (muchas autosorpresas, uh! esto del MIR es la pera) tratando por todos los medios de no molestar al gato porque es la persona (sí, persona) que más tiempo ha pasado conmigo desde que lo robé de una granja, y no puedo permitirme que alguno de estos días le dé por quererme menos.

– Mi cabeza está todo el rato: psiquiatría sí, psiquiatría no, psiquiatría sí, psiquiatría no.

– Mi padre está todo el rato: psiquiatría no.

– Mi madre está todo el rato: no. Desfalleciendo no en plan suicidio intelectual sino… aaajajaJAJA que es broma, ¡desgraciados! Bueno pues eso. Que mi madre está bien.