a 54 días.

He brotado. Una vez más.

♫ ♪  Otro sábado al simulacro, hemos venido a ver qué pasa. Una vez más, Claudia va a brotar. Va subiendo la ansiedad, casi tengo diarrea… Y una vez más, Claudia se pone a llorar. El MIR pasa ante mí, esta película es muy mala, es ciencia ficción, Claudia va a brotar  

A la salida del susodicho, el amor vino a buscarme por sorpresa. Trasnochamos más de lo que deberíamos a estas alturas del MIR… y de la vida. Al día siguiente to-do-el-do-MIR-go juntas, sesión intensiva de amor, y del filósofo esloveno Slavoj Žižek, y de El fantasma de la libertad (Luis Buñuel), y de mi amor tocando melodías barrocas (Coldplay nunca pensó que nosotras fuéramos a descubrir que son los mayores plagiadores de la historia). También momento epiquísimo el de presentar a Alice a mi padre, el Señor Juan José. Su puta cara era un cuadro. Después le pregunté a Antonio si pensaba que el Señor Juan José se había coscado o no. Dijo Antonio que probablemente sí porque, palabras textuales, “Alicia era la que más hablaba, y sabía un montón de cosas sobre ti, y hombre eso muy normal no es”. Y yo lo siento mucho pero me la suda. Aquí mi único cometido es sacar la plaza del MIR ¿no es cierto? Pues ale. Carretera y manta.

Hoy lunes, me he despertado descolocadísima porque el día de ayer fue particularmente mind-blowing. He tardado como… no sé… ochocientos años en conseguir salir de la cama. Y después me he metido en la cama de mi madre. A corregir el simulacro. (Es el puto peor momento de toda la semana). Mientras introducía la plantilla de respuestas, iba notando ese dolor precordial que se irradia hacia mandíbula y brazo izquierdo, ese dolor que en tercero de carrera percibía como de un infarto de miocardio (recuerdo haber obligado a mi madre a que me llevara a su hospital a hacerme un electro y un ecocardio). Bueno, al menos hoy, con todo el bagaje que tengo ya en el campo del sufrimiento mírico, he sabido que tenía que salir de la cama, desayunar fuerte, salir a correr, y después ya corregir el simulacro.

Segundo intento de corregir el simulacro. Vuelvo a notar el pseudo-infarto, pero mi Pepito Grillo ha dicho: no jodas Claudia, échale huevos de una puta vez.

Total. Que lo he petado. 126 netas. Con eso casi caaasi me da para Psiquiatría en Madrid. O sea que me quedan 54 días de esfuerzo extremo para subir esas netas (todavía hay que subirlas bastante), y me noto absolutamente extenuada. Así que mañana me voy a Burgos y estudiaré allí lo que me queda hasta el MIR. Demasiados meses viendo estas cuatro paredes, dando paseos por el mismo parque (el de Caramuel), saliendo correr al mismo parque (el de Caramuel), que noooooooo! Que lo de salir a correr o a patinar o a la bici lo hago en esa obra que todos pagasteis hasta endeudaros, y que yo tengo en frente de mi casa: Madrid Río. Bua es que Madrid Río me ha dado la vida, le tendré que dedicar una parte de mi discurso de “agradecimientos post-MIR”. Alicia pudo ayer conocer el magnético parque de Caramuel, en el que ella era el imán que corre por los árboles y habla con señores que pasean a sus pulgosos sacos de huesos perros.

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