a 29 días.

Queridísima Alicia,

En respuesta a tu carta (sí, la he leído; sí, he tardado tres días en abrirla desde que la encontré en mi buzón; y sí, me ha hecho falta más de una semana para contestarte) quería preguntarte si lo que dices de las plantas y los electrodos sería aplicable a nosotras y me gustaría saber si tú has percibido estas vibraciones mías de amor absoluto hacia tu persona y de ganas de comerte hasta llorar y morir entre tus piernas. Si es así, házmelo saber; y yo te haré saber que pienso en ti cada día y siento un nudo en el estómago que quizá las plantas también sientan en su ¿estómago? y puedan transmitírselo sin hablar, de hecho ¡sin mirarse! (¿ojos?).

Conozco a Osho, sí. Me parece un coñazo. A mí madre le apasiona y por eso lo he leído un poco por encima y entre bostezos. ¿Conoces tú a Irvin Yalom? Voy a leértelo cuando terminemos el MIR, tengamos cada una nuestra ansiada plaza, y podamos pasar días, semanas, ¡meses! hablando de todo esto o sin hablar porque, sinceramente y por mucho (muchísimo) que me cueste admitirlo, SÍ que he sentido que tu mirada me habla, pero aun así supongo que mi carácter insaciable obsesivo-compulsivo quiere hacerte hablar hablar hablar mientras yo muero muero muero aferrada a tus muslos.

Me voy a ir a dormir. Espero despertarme ya en 2017; irme a la puta mierda, nadar en el lodo y después resurgir de mis cenizas, como el ave fénix de Cosí fan tutte. A veces fantaseo con la salida de las aulas del MIR: me imagino que te encuentro entre la masa enfebrecida, te abrazo con furia y grito ¡te amo!, como si de un electrodo de planta se tratara.

 

 

 

Informe cíclico de un mes MÍRico. (Libreto para ópera rigurosamente instrumental)

Génesis

Alicia saltó por encima de las butacas y se sentó junto a mí.
– Qué zapatos más monos.
– Me los compré porque una amiga de Bratislava los llevaba parecidos. Me gustan porque hacen ruido al caminar. ¿Te los quieres probar?
Prefería mis cómodas Adidas blancas, pero imaginar sus pies en mis deportivas me excitaba. Así que adiós. A la vuelta, había dentro unos calcetines eslovacos.

 

Cántico tercero. Sólo para viento metal.

La masa salió en bloque de la Facultad de Medicina. Yo me hice la despistada para ver si encontraba a Alicia sin parecer que la buscaba. Hablamos sobre la posibilidad de ir juntas a El Monte de El Pardo este fin de semana.
– Va a llover.
– Entonces llevaremos tienda de campaña.
Lo que sea, sólo quiero salir del simulacro y morir, ya sea en tienda de campaña o a la intemperie. Encadenada a tu cintura.

 

Unísono. Primera vibración sonora.

Vibración la del temblor en sus labios. Yo también estaba nerviosa. Semanas después… en Malasaña… yo lloraba, ella asentía, me abrazaba, caía irremediablemente dentro de un abismo, el suyo.
Ser viento en sus alas. Sobre todo viento.
Pero sobre todo
alas.

 

Día de Navidad. Oboes.

Caminando por El Monte de El Pardo junto a mis primos y mis hermanos y mis otros hermanos, los ÁrbolesNieblayViento, me siento una de las partes infinitesimales que componen la putabida vida, donde cada instante se arroja sobre mí como una magnolia. Me retracto de lo dicho: “sólo creo en la ciencia, en el método científico. Lo que no está publicado en PubMed no es cierto, no existe”. PubMed no puede explicar este sentir, este fuego ceniciento que late en medio de mi pasta de cristal congelado. ¡No todo está perdido! Y aun así… Quiero mi plaza MIR. Ciencia, sí. Arte, también. Quedan 34 días.

a 51 días.

A cincuenta y un días para el MIR sólo queda una opción: remar.
Y otra opción, que si conjugas con la anterior se potencian (eso que nos cuentan en Farmacología del “sinergismo”): remar + ser egoísta.

Sé que hay opositores que me leen, y os digo: no hay otra forma de enfrentarnos al poco tiempo del que disponemos. Apagad el móvil, iros a vuestro pueblo, ese que está en donde Cristo perdió los clavos, y en donde la gente te llama Lauri porque Laura es el nombre de tu madre, y tú respondes al nombre de Lauri porque en realidad qué más da, qué más da todo si ya sólo nos quedan cincuenta y un días para reventar el examen y sacar la plaza ¡¡¡LA PLAZAAAAAAÑLASKJGWXJOÑLGSATZKH!!!

Hoy me apetecía escribir con sutileza una anécdota sexual fruto de la brutalidad que reina en este pueblo de los clavos de Cristo. Pero no sé si voy a ser capaz. ¿Puedo ser soez? ¿Puedo? Porfa.

Dice así: iban dos y se cayó el del medio a follarse hasta el alma y toparon con el Aniano, el Cosario, bajo el chopo del Elicio, le esquivaron y se corrieron frente al palomar donde mi cabeza golpeó, golpeó, golpeó hasta perder el conocimiento. No hubo drogas de por medio. Cervezas SIN. Sexo SIN adulterar, sexo sucio, sexo atroz, sexo escalofriante, sexo sexo.

Y mañana por la mañana cinco horas de Estadística y Epidemiología. Por la tarde, cinco horas de Endocrino. ¡Rememos!

a 54 días.

He brotado. Una vez más.

♫ ♪  Otro sábado al simulacro, hemos venido a ver qué pasa. Una vez más, Claudia va a brotar. Va subiendo la ansiedad, casi tengo diarrea… Y una vez más, Claudia se pone a llorar. El MIR pasa ante mí, esta película es muy mala, es ciencia ficción, Claudia va a brotar  

A la salida del susodicho, el amor vino a buscarme por sorpresa. Trasnochamos más de lo que deberíamos a estas alturas del MIR… y de la vida. Al día siguiente to-do-el-do-MIR-go juntas, sesión intensiva de amor, y del filósofo esloveno Slavoj Žižek, y de El fantasma de la libertad (Luis Buñuel), y de mi amor tocando melodías barrocas (Coldplay nunca pensó que nosotras fuéramos a descubrir que son los mayores plagiadores de la historia). También momento epiquísimo el de presentar a Alice a mi padre, el Señor Juan José. Su puta cara era un cuadro. Después le pregunté a Antonio si pensaba que el Señor Juan José se había coscado o no. Dijo Antonio que probablemente sí porque, palabras textuales, “Alicia era la que más hablaba, y sabía un montón de cosas sobre ti, y hombre eso muy normal no es”. Y yo lo siento mucho pero me la suda. Aquí mi único cometido es sacar la plaza del MIR ¿no es cierto? Pues ale. Carretera y manta.

Hoy lunes, me he despertado descolocadísima porque el día de ayer fue particularmente mind-blowing. He tardado como… no sé… ochocientos años en conseguir salir de la cama. Y después me he metido en la cama de mi madre. A corregir el simulacro. (Es el puto peor momento de toda la semana). Mientras introducía la plantilla de respuestas, iba notando ese dolor precordial que se irradia hacia mandíbula y brazo izquierdo, ese dolor que en tercero de carrera percibía como de un infarto de miocardio (recuerdo haber obligado a mi madre a que me llevara a su hospital a hacerme un electro y un ecocardio). Bueno, al menos hoy, con todo el bagaje que tengo ya en el campo del sufrimiento mírico, he sabido que tenía que salir de la cama, desayunar fuerte, salir a correr, y después ya corregir el simulacro.

Segundo intento de corregir el simulacro. Vuelvo a notar el pseudo-infarto, pero mi Pepito Grillo ha dicho: no jodas Claudia, échale huevos de una puta vez.

Total. Que lo he petado. 126 netas. Con eso casi caaasi me da para Psiquiatría en Madrid. O sea que me quedan 54 días de esfuerzo extremo para subir esas netas (todavía hay que subirlas bastante), y me noto absolutamente extenuada. Así que mañana me voy a Burgos y estudiaré allí lo que me queda hasta el MIR. Demasiados meses viendo estas cuatro paredes, dando paseos por el mismo parque (el de Caramuel), saliendo correr al mismo parque (el de Caramuel), que noooooooo! Que lo de salir a correr o a patinar o a la bici lo hago en esa obra que todos pagasteis hasta endeudaros, y que yo tengo en frente de mi casa: Madrid Río. Bua es que Madrid Río me ha dado la vida, le tendré que dedicar una parte de mi discurso de “agradecimientos post-MIR”. Alicia pudo ayer conocer el magnético parque de Caramuel, en el que ella era el imán que corre por los árboles y habla con señores que pasean a sus pulgosos sacos de huesos perros.