31.8.16

Hace tiempo os anuncié que el año del MIR me sacudiría hasta los cimientos. En cierto sentido ansiaba que llegase el momento definitivo, el comienzo de la preparación. Sabía que el MIR arrasaría dolorosamente, bajo la promesa de dejarme tres o cuatro ideas claras. Y hoy, último día de agosto, estoy hablando de ello con mi padre y un café. Aprieto la cucharilla entre los dedos y siento su latido de metal, su advertencia sospechosa. Qué estúpido sería negar una cucharilla, negar una puerta, negar estos ojos con los que veo un mundo no sospechado por mi empecinamiento. Quiero ser médico. “Un psiquiatra es un médico, y no otra cosa”. Pero yo quiero ser plenamente médico.

Sé que esto decepcionará a muchos. Cuesta trabajo des-encasillar a una persona, redefinirla, colgarla otra etiqueta. Pero no soy yo la que ha abandonado la psiquiatría. La psiquiatría me ha abandonado a mí.

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