31.8.16

Hace tiempo os anuncié que el año del MIR me sacudiría hasta los cimientos. En cierto sentido ansiaba que llegase el momento definitivo, el comienzo de la preparación. Sabía que el MIR arrasaría dolorosamente, bajo la promesa de dejarme tres o cuatro ideas claras. Y hoy, último día de agosto, estoy hablando de ello con mi padre y un café. Aprieto la cucharilla entre los dedos y siento su latido de metal, su advertencia sospechosa. Qué estúpido sería negar una cucharilla, negar una puerta, negar estos ojos con los que veo un mundo no sospechado por mi empecinamiento. Quiero ser médico. “Un psiquiatra es un médico, y no otra cosa”. Pero yo quiero ser plenamente médico.

Sé que esto decepcionará a muchos. Cuesta trabajo des-encasillar a una persona, redefinirla, colgarla otra etiqueta. Pero no soy yo la que ha abandonado la psiquiatría. La psiquiatría me ha abandonado a mí.

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5.8.16

Me he dado cuenta de que (atención, confesión) las broncas con mi madre, lejos de dificultarme el estudio, son MIR-rentables. Y es que el MIR es taaan desesperante y taaan aburrido (no sé qué es más: desesperante o aburrido, supongo que depende de la asignatura que toque y de cuánto quede para el domingo) que cualquier cosa que te saque de la monotonía es de agradecer. El director de la academia nos dijo en una tutoría que lo mejor para este año era ser lo más rutinarios posibles: “tenéis que levantaros siempre a la misma hora, terminar de estudiar a la misma hora y comer pienso para humanos”. Con este simpático chiste (¬¬) pretendió caernos bien, pero fracasó.

Y bueno, la verdad es que mi obsesiv(ísima) madre puede desesperarme a veces, pero ya veréis cuando llegue Antonio en septiembre. Él sí que sabe cómo distraerte de tu puta bida. Con su Pokemon Go, su musikote ke es krema y sus dioses youtubers, Antonio es todo felicidad.

Así que tengo todas las cartas a mi favor… ¡aaaaaa por la plaza de psiquia!

3.8.16

¿Qué es lo que nos mueve? ¿Qué es lo que subyace en lo más profundo de nuestro cerebro? ¿El miedo? El amor no, desde luego. En mi opinión, es el miedo. El amor es sólo un detalle anecdótico.

El domingo volvió mi madre de sus vacaciones. No hemos hablado hasta hoy (miércoles). Después de tantas semanas sola y concentrada en el MIR, me daba pavor (no digo miedo eh, la sensación era más dolorosa que el miedo) que vinieran ella y mis hermanos a alterar este microclima monacal.

Llevaba varios días anticipando su llegada, tanto como para reducir a cero mi umbral de tolerancia. Ella lo ha notado y se ha mostrado fría, aunque cariñosa desde esa lejanía. Es lista, tiene sensibilidad, no sé por qué la desmerezco a veces, ni sé por qué he tenido que forzarla a que, estando yo tumbada en el sofá, viniera ella a sentarse en el suelo y contarme anécdotas de su viaje a modo de excusa para sortear las venenosas serpientes que he criado entre nosotras.