6.4.16

Las manos de Álvaro son… enormes. Y sus muñecas… gruesas. Tremendamente gruesas. Sé que él se da cuenta de cómo me fijo meticulosamente en su cuerpo. Debe de ser incómodo que alguien te observe de esa manera. Espero que a él no le importe demasiado. Es un vicio incoercible. Excepto cuando es coercible. Pero no, no, ni siquiera entonces, porque incluso cuando le noto contrariado hago que miro al techo pero estoy en realidad repasando mentalmente su imagen.

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