Fuego fatuo. Capítulo uno.

– ¿Te gusta?
– El qué.
– Lo que ves.
– Me encanta.
– Descríbelo.
– Es como… La prolongación del tacto… Al máximo nivel. Es el lugar donde deberían morir las manos.

Voy a escribirte una epopeya clara y preciosa, Álvaro vehemente. Pero hoy no. Es pronto.

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