27.2.16

Scan_Pic0008

Este retrato forma parte de un proyecto de Masles Roy para homenajear a los diablos azules que han participado en sus jam sessions de poesía.

Anuncios

MAP en Ceuta y los nabos en Adviento.

Muy a gusto en el Cetro de Salud hoy. Muy.

Me he sentido útil, eso lo primero. Ya tengo en mi cabeza el esquema de cómo funciona la patología pulmonar y cardíaca, que es por lo que más consultan los pacientes. He aprendido por fin a auscultar bien y lo que es más emocionante: a diagnosticar solamente con la auscultación. Y lo que es más emocionante aún: ¡sé cómo se tratan esas patologías! (Esas en concreto, no otras más complicadas, que entonces te marcas un: “le derivo a usted al cardiólogo”).

Lo segundo, he tenido un momento de esos que tanto ansío y busco desesperadamente de “Uh! Sensación emocionante! Voy a escribir acerca de esto en el blog!”. Porque me he sorprendido a mí misma queriendo cuidar mucho a algunos pacientes, y eso me ha hecho pensar que quizá sea buena persona. ¿No?
Otra cosa que he pensado es que mi tutor, aunque es muy buen médico, a veces no escucha todo lo que el paciente le quiere decir. Me he dado cuenta de que cuando él llega a un diagnóstico en su cabeza, deja de escuchar. Me recuerda a cómo se ejercía la medicina en el siglo XIX: el médico autoritario y todopoderoso. La sensación guay ha sido pensar: “no puedo ser así con mis pacientes, tengo que acordarme de esta rotación y de esto que estoy pensando acerca de mi tutor”. Él les trata bien y eso, es muy amable, pero siempre desde un rol de superioridad.

Ah, también he estado medianamente satisfecha con mi rendimiento de esta semana en CTO. Tenía miedo de pediatría porque es una asignatura que aprobé en el Erasmus (ya sabéis de qué manera). Pero he sabido aprovechar el tiempo. Creo que es la primera vez (¡desde septiembre!) que me siento bien en la academia del MIR. Será porque estoy durmiendo bien.

Pediatría.

IMG_8201

Aquí está el chiquitín. El tocinito de cielo. Mi hermano.

Estoy rotando en un centro de salud (atención primaria, médico de familia, MAP en Ceuta, el “por si acaso” de todos los opositores) y me parece muy interesante. Durante la primera hora de consulta. Después, todo empieza a decaer, y el MAP, los pacientes y yo entramos en una vorágine de desesperación y angustia. Tan es así que hoy le he pedido al MAP que me dejara ir a pasar consulta en pediatría. Me ha parecido muy interesante. Durante la primera hora de consulta. Después, el pediatra, los mocosos y yo hemos entrado en una vorágine de desesperación y mocos y oh-Dios-mío como no saque plaza en psiquiatría tendré que repetir el MIR. Así que volvemos a la vorágine de desesperación y autoexigencia, ahora más fuerte que antes, ya que el “por si acaso” se ha esfumado.

De todas formas me encuentro bastante más animada que la semana pasada. Al final, siempre encuentro algún detalle, aunque sea pequeño, que me hace disfrutar de las prácticas o de las interminables clases en la academia del MIR. Hoy por ejemplo, en el lago de los mocos pediátricos ha sido interesante ver que si los padres son gilipollas, el niño sale gilipollas, y si los padres se lo curran y tienen algo de inteligencia emocional, el niño sale bien. Esto me ha hecho pensar irremediablemente en mi padre. Tengo recuerdos de mi infancia que claramente justificarían el haber desarrollado esta personalidad obsesiva, y siempre he sentido cierto rencor hacia mi padre (por las noches, pensaba “si no me da tiempo a terminar hoy los deberes, me tiro por la ventana y ya está”). Pero fijarse en lo malo es fácil, así que haré el esfuerzo de mirar el lado positivo: cita del Dr. Vallejo en su Manual de Psiquiatría. Los rasgos de personalidad obsesivos, a diferencia del trastorno obsesivo propiamente dicho, no interfieren excesivamente en las actividades diarias del paciente e incluso, si se canalizan bien, pueden proporcionarle muy buenos rendimientos intelectuales y profesionales. (Me parto con lo de “no excesivamente”, es como un premio de consolación súper triste, ¿no? Pero bueno, mientras nos quede la intelectualidad… ¿no?).

Siguiendo con las buenas noticias, he conseguido dejar las pastillas para dormir. Ueee! Normalmente las dejo justo cuando acaban los exámenes pero esta vez pasé de hacer el esfuerzo. El Orfidal es el mejor invento del siglo XX. A ver si en el siglo XXI sacan algo que no genere dependencia.

¿Qué más? Ah, sí. Mañana es viernes. Qué bien. Hace tiempo que no veo al Triángulo en bermudas. La primera palabra que se me viene a la cabeza al pensar en ellos es: ancianidad. Bueno, excepto cuando pienso en Luisma. O sea que en realidad es Gonzalo (hola, sé que lo estás leyendo).

¿Qué másss? Ah, vi la película de Lost in Translation y me pareció una mierda. A ver si acierto con la de esta noche. Y si no, me pongo por séptima vez Pulp Fiction y ya está.

Ay, que casi se me olvida contar lo más interesante de esta semana: ha venido a visitarnos a Valle y a mí (más a Valle que a mí) un amigo de Bratislava. Y a continuación viene la manida frase “cómo ha cambiado todo desde entonces”. Pero es que es verdad, ¡cómo ha cambiado todo desde entonces! Pero para bien. Porque a ver, es gracioso recordar anécdotas como la de aquel eslovaco que me tiré sin mediar palabra (su nivel de inglés era decir “beautiful eyes” refiriéndose a mi pelo) pero ahora que llevo sin follar desde agosto casi hasta me siento orgullosa. Sé lo que estáis pensando, que en enero sí que follé, pero creéis saber más de lo que el propio Moe sabe.

13.2.16

Dejar de rendir. Dejar de ser útil. Productiva. Encontrar algo que me arranque de mi vida. Que me haga mirarla desde fuera.

Estoy volviendo a casa en el N18, miro el Primark y quiero que estalle. Que los pedazos vuelen por los aires. Y ver qué es lo que queda después. “Me encanta tu pelo”. Que arda mi pelo. Que lo prendan fuego. Que mueran todos los detalles anecdóticos para que veáis qué es lo que soy si no está mi pelo, si no están mis Vans amarillas, mis anillos, mis pulseras.

¿De qué quiero huir? Me gustaría ponerle nombre. Darle forma. Si no sé qué es, ¿cómo puedo huir?

Provocar desprecio y reacción. Eso me gusta. Es siempre una apuesta segura. Pero ¿cuál es la finalidad?

Después recurro al consuelo (transitorio) de que todo esto no es más que una alteración (transitoria) en los neurotransmisores de mi cerebro. Polvo eres. Esta es otra apuesta segura, la de racionalizarlo todo. Lo empírico, la Ciencia, el significado de la serotonina, de la dopamina, de las endorfinas. Cuando lees libros de neurología es imposible seguir cavilando. La evidencia es esa.