Las temidas prácticas en Medicina Interna

Los estudiantes de sexto de Medicina estamos empezando a sentir un cosquilleo de felicidad en el estómago: cada vez entendemos más cosas de lo que les pasa a los pacientes y eso nos infla el ego y nos hace creernos dioses.

En las prácticas de Medicina Interna, los jefes son muy exigentes. Un día te sientes bien porque te han dejado escribir en su ordenador el evolutivo de un paciente, y al día siguiente te dicen que lo has hecho como el culo. Y te sigues sintiendo bien. Porque… ¿Acaso nos pagan por hacer los evolutivos? Es más, ¿acaso nos pagan?

Y así transcurre la cotidianidad de mi vida.

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Hoy, un cuento.

Contra todo pronóstico, Quasimodo logró entrar en la discoteca Kapital. Los porteros le miraron de arriba abajo, frunciendo el ceño, pero no pudieron impedirle el paso (¿qué le iban a decir? ¿que no le admitían por grotesco?).

Pidió su consumición en la barra, un sexo en la playa. Ojalá fuera sexo con la camarera en la playa. Se llamaba Esmeralda. Como él había oído decir que a las mujeres les gusta parecer jóvenes, le dijo:
– Hola, carita de feto.
¿Qué?
– Es que no te puedo quitar más años ya. A no ser que un cigoto sea más joven que un feto… Nunca he tenido muy claro lo del desarrollo embrionario.

– ¿Me estás vacilando o qué? ¡ Largo de aquí o llamo a mi jefe!
– ¿Y mi sexo en la playa?
– ¡Febooo!

El apuesto Febo, alto, rubio, de ojos negros, rodeó a Esmeralda con sus fuertes brazos. Su voz era como de dibujo animado, pero aun así pudo imponer su autoridad: “como sigas molestando a mi chica ¡te parto la cara!”

Quasimodo volvió a su casa hecho una furia. “¡Nunca consigo ligarme a nadie!”. Se metió en su cuarto y cerró de un portazo. Trató de calmarse pero no pudo, así que decidió contraatacar. Encendió el ordenador, dispuesto a viralizar un vídeo que verían miles de personas (porque en la vida real no, pero en Internet tenía muchos seguidores). No le tembló el pulso al presionar el botón de Rec:

“Este vídeo va dirigido a vosotros, donadores de semen, porque en vuestras manos está el futuro de la Humanidad. Como bien sabéis, vivimos en una cultura que está subyugada por esa famocracia, esos seres aparentemente perfectos, que te quieren vender lo ideal que es su vida. Me refiero a esos George Clooneys, esos Brad Pitts, esos Johnny Depps, con sus caritas perfectas, su talento impertérrito, sus mansiones y sus islas. Amigos, tenemos que luchar contra ellos. Tenemos que revelarnos y hacerles ver que no vamos a estar siempre a la sombra de sus bíceps. Para ello, hemos de crear un ejército de seres imperfectos que liderarán nuestra rebelión. Vuestra misión, amigos, es muy sencilla: cuando estéis con vuestro bote y vuestro ritual de donación de semen, en el apogeo de la pajilla debéis retorceros y poner caras deformes, porque así vuestros vástagos saldrán amorfos, y con un poco de suerte incluso jorobados. Difundid este vídeo, sólo así la revolución tendrá sentido”.

(Continuará…)

Luisma one more time.

Como ya anuncié hace medio año, El triángulo en bermudas busca a los futuros padres de sus hijos. Los avances durante estos seis meses han sido escasos (por no decir nulos: aquí no follamos ni pa’ Dios). Con el objetivo de poner fin a esta mala racha, ayer Luisma y yo salimos de caza. Gonzalo no vino porque prefirió quedarse en casa masturbándose (palabras textuales suyas).

Mientras yo me ponía toa sexy y toa porno, Luisma ensayaba un nuevo look de coletitas hipster. Y hasta le sobró tiempo para componer una canción:

Y aquí tenéis el making-of:

Cirugía.

No. Puedo. Estar. Más hasta la pollaaaaaa. De la rotación en Cirugía.

Acabo de salir de una operación que ha durado cinco horas y ni siquiera sé de qué era. Un cáncer de estómago que infiltraba el esófago y blablablaaaaaa ¡coñazo!

Lo único que quiero hacer ahora es tumbarme en el sofá y morir. Despertarme de la siesta con esa sensación de estar anestesiado y no poder moverte. Y no moverte. No intentar moverte. Tener ganas de hacer pis y no moverte. Hasta que venga una grúa a levantarte.

Pero no puedo. A las cuatro y media tengo clase en la academia del MIR. Hasta las diez de la noche. Y mañana otra vez en pie, para volver a morir. Pero entonces será por fin viernes y podré morir de verdad. ¡Este finde me quedo en casa!

7.11.15

Tengo el cerebro hecho mierda. Supongo que me obsesioné demasiado con querer sacar un sobresaliente en psiquiatría. Y vale, sí, ayer lo peté en el examen, pero a qué precio. La noche anterior, mientras daba el repaso de última hora, llegué al tema de los brotes psicóticos y pensé que a mí me estaba dando uno.

Pero lo peté. Y para celebrarlo fui a la revisión del examen de onco, a quejarme de mi vergonzosísimo 6’5. Poco importaba que en reuma hubiera sacado un 9’2. Yo lo único en lo que podía fijarme era en el desastroso seis y medio.

No me subieron la nota, por supuesto. Y para celebrarlo fui a la revisión de reuma.

No, es coña. Fui a casa de Luisma y compré todos los botellines de Franziskaner que los veinte euros que llevaba encima pudieron pagar.

Después llegó Gonzalo. Poco a poco, fui recobrando el juicio. Y es que después de llevar todo un mes sin pensar en otra cosa que en petar estos exámenes, había perdido el norte, una vez más (y no será la última, esperaos al brote psicótico del MIR).

A medida que avanzaba la tarde, fui agotando la poca paciencia que le quedaba ya al Triángulo en bermudas para con mi persona jajaja porque estaban hasta la polla de que invadiera su parte del sofá para abrazarles. “Joe, ¡cómo está hoy Claudia!” “Claudia, ¿te apetece llorar? Venga llora, que no pasa nada”. Lo decían de coña pero de repente me entraron ganas de hacerlo jaja. “Que no, que no voy a llorar, es que no me soporto a mí misma cuando estoy de exámenes, pero ya se me ha pasado”. Entonces Luisma fue un buen mejor amigo y se puso a tocar en el piano la mítica canción triste de Amélie (el best seller de las canciones tristes, todos sabéis a cuál me refiero), y me puse a llorar como una magdalenaaa jaja pero no me quedé totalmente a gusto porque para llorar toda la mierda que llevaba acumulada habría necesitado jarras y bidones (y tanques y presas y embalses y… jajaja). Dice el doctor Vallejo que el llanto del depresivo no alivia, y el del angustiado sí (pero no es oro todo lo que reluce, los trastornos depresivos suelen tener mejor pronóstico que los de angustia así que agarraos fuerte, queridos seres queridos que compartís conmigo mi pesada carga).

Después, Luisma siguió con algo melancólico Read More