Hablando sobre el MIR con:

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“MIR, MIR, MIR”. “MIR por aquí, MIR por allá”. “Patatín patatán”.
Por esta eterna neblina vagan siempre mis pensamientos. ¿Qué especialidad? ¿En qué hospital? Y en sólo una tarde de conversación con Luisma, todo está mucho más claro.

En esta luz del poema,
todo,
desde el más nocturno beso
al cenital esplendor,
todo está mucho más claro.

Hoy empiezo a preparar el MIR

Ha llegado el temido día de la primera charla en CTO. Esta ansiedad anticipatoria me está matando así que más vale que llegue ya la entrega de los manuales. Menos mal que he conseguido liar a mi padre para que venga a recogerme. Me ha contestado: “voy a buscarte y ¡después tiramos los libros al río!” jaja qué majo.

No, a ver, en realidad no estoy tan pesimista, de hecho me encuentro bastante tranquila, lo que ocurre es que ayer pasé mala noche pensando en el madrugón de hoy. Llegué de Burgos por la noche y tuve que ponerme a buscar el fonendo, la bata y la llave de la taquilla. De esas tres cosas sólo encontré la primera, así que supongo que la bata me la olvidaría en Bratislava. De la llave recuerdo haber pensado antes del Erasmus que tenía que guardarla en un lugar seguro así que o la escondí tan bien que ahora no aparece, o la he perdido (opción más probable).

Pero lo cierto es que las prácticas del hospital me gustan, aunque haya que madrugar tanto. Peor es tener que ir a clase (que no vas y te quedas durmiendo, ahí está el truco). Este año me ha tocado rotar en ginecología, traumatología, psiquiatría (bieeen!), medicina interna, cirugía general y atención primaria. Como diría mi delegada: “sexto es un año bonito”. Espero aprender mucho y aprovechar el tiempo. Mi esperanza es que esta tarde en CTO nos digan que durante sexto no hay que estudiar para el MIR, y que con ir a la academia basta. Ojalá, porque salgo tan cansada de la rotación que no me imagino cómo podría ponerme ahora a chapar.

Hoy he visto una operación muy interesante: a la paciente le hacían punciones en los ovarios para extraer ovocitos. Después los fecundaban in vitro. Estas tres semanas voy a estar en gine, así que ya os iré contando más cosillas.

Procrastinar.

Ha llegado… ¡el procrastinadorrr!

“Procrastinar” es la palabra favorita de mi profesor de poesía, porque tiene cuatro sílabas y es aguda. Dice que tiene potencia. Y también dice que no le gustan sus alumnos procrastinadores, por eso en clase nos obliga a escribir cualquier mierda que se nos ocurra. Lo peor es que después la tenemos que leer en alto para, según él, escuchar el ritmo. Uno de los ejercicios que hemos hecho hoy consistía en completar los espacios en blanco de un poema de Pablo Neruda. Os voy a poner lo que he escrito yo (en negrita) para que admiréis mi arte:

Mi …… son tus …… frescos como …… ,
Mi …… dónde están ahora tus ……

Mi MIR son tus simulacros frescos como ¡terminarte!,
Mi MIR, dónde están ahora tus estudiantes.

Jajaja ¡muy triste! pero nos lo pasamos genial. Imaginaos la de sandeces que lee la gente. Yo hoy me he cebado con mi carrera, el poema continuaba así: “… son egoístas como los estudiantes de Medicina, y me gustaría clavarles un puñal en el esternón”.

El profesor es un genio, y no de esos genios tan herméticos que no hay quien les entienda, es decir, no es un freak que se hace pasar por genio, sino que es un genio de verdad, de los que saben explicarte la materia. Hoy un alumno le ha preguntado su nombre completo para buscar sus libros. El profesor le ha contestado:
– “Me llamo Luis”
– “Pero ¿Luis qué mas?”
– “Luis, el profe de poesía. Lo demás es ego y aquí no nos interesa”

Especialidades MIR

Siempre que tengo clase con el doctor Carrasco quiero ser psiquiatra.
Y siempre que tengo clase con el doctor Larriba quiero ser oncóloga.

Sobre todo si esas clases son el viernes a última hora. “Mmmm… Podría ser psiquiatra… Sí, definitivamente ¡voy a ser psiquiatra! ¡Tomaaa ya es viernes, adiós, hasta nuncaaa!”

La vuelta al cole.

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Aterrizar el primer día de clase después de tu año Erasmus y que lo primero que te pregunten tus compañeros sea “¿en qué academia del MIR te has apuntado?” no mola. No mola nada. Y que la segunda pregunta sea “¿de qué vas a hacer el TFM?” ya es para pegarse un tiro.

Mi nivel de ansiedad estos días oscila entre extremo y muy extremo, hasta que al final entro en un estado de sudapollismo y dejo de sentirme culpable porque la Medicina no sea el centro de mi vida.

Os cuento una anécdota para ilustrar el ambiente que se respira estos días en mi clase. La noche antes de empezar el curso nuestra delegada nos mandó un e-mail con una carpeta de Dropbox titulada “Apuntes de 6º por fin”. ¿Por fin? ¿Ni siquiera sé qué clases hay mañana, ni en qué aula, y ya necesito los apuntes que hizo Dios sabe quién? Los apuntes malos que nadie quiere, porque los buenos hay que conseguirlos trapicheando y haciendo un juramento a la bandera de que no se los vas a pasar a nadie.

Ante semejante percal, he decidido crear un cortafuegos radical. Por suerte, después de tantos años en esta maldita carrera, ya tengo algo de experiencia en controlar mis ataques de oh-Dios-mío-jamás-llegaré-a-ser-médico. Cojo el teléfono y llamo a la única estudiante de Medicina que no da grima: Natalia, que se graduó el año pasado y, a menos de cuatro meses para su examen MIR, acaba de llegar de la Tomatina. Así sí. ¡Esta tarde nos vamos de cañas, and Hidrología en Cuenca!