Propaganda contra la lujuria.

Estaba mi padre tan pesado con el windsurf que cogí la tabla y enfilé.

Dispongo de media hora para escribir esta entrada y ni siquiera sé si la Coca-Cola que me han servido es Light. Así que no me la puedo beber. ¡Para que luego digáis que la obsesión con las calorías es mala! No tenéis ni puñetera idea. Cuando vuelva de la playa to morena y to delgada os vais a enterar. Eso será dentro de una semana, y entonces… ¡entonces molaré! Y todos querréis molar tanto como yo, quitándoos la foto de portada en Facebook, comprándoos unas Vans amarillas y haciéndoos un piercing en el septum. Y es que después de todo un año sin tener que hacer exámenes serios, sin ser estudiante de Medicina ni estudiante de nada, he descubierto que la ocupación que más mola es molar. ¡Yo que llevaba tiempo siendo hipster y no lo sabía!

De todas formas, si al final resulta que el oficio de molar no me da para vivir y necesito buscarme otro empleo, todavía me queda el plan B de ser médico. Tal y como pensé que sucedería antes de venir a Dénia, cada noche asisto a los fervientes debates (¿o monólogos?) de mi padre acerca de los psiquiatras. La cosa pinta bien. Para finales de agosto ya no quedará en mí ningún resquicio de simpatía hacia los loqueros. De hecho ya casi me ha convencido de que un loquero debe ser mi peor enemigo. Por cierto, enhorabuena a mi mejor amigo Luisma por haber terminado su máster de Psicología Clínica.

Más cosillas. Según la página de estadísticas de WordPress, este blog tuvo un pico de visitas hace ocho días. Qué bien funciona lo de contar detalles sexuales jaja ya lo tengo súper aprendido. Y no os estoy llamando simples ni manipulables, ni me estoy llamando a mí manipuladora. Porque yo soy la primera a la que le gustaría saber cómo terminaron mis deportivas manchadas de semen. ¡Pero!

Peeero, pero, pero. No es eso lo realmente interesante. Leed a Kafka. Mola más que la anécdota de mis deportivas, y además molaréis leyéndolo, y podréis utilizar el adjetivo “kafkiano” con conocimiento de causa. La metamorfosis es un libro pequeñito, así que sólo necesitaréis invertir una tarde de vuestras casi molonas vidas para poder decir que habéis leído a Kafka. Cervantes sale mucho menos rentable. Y encima el adjetivo “quijotesco” no lo utilizan los hipsters.

Bueno, me alegro de haber aprovechado tannn biennn los primeros veinte minutos de mi conexión a este Wi-Fi. Dedicaré los diez restantes a sacar algún tema de conversación interesante. Tauromaquia, ¿sí o no? Dejad vuestros comentarios.

El pez que no cesa.

Tras veinte días vagando por el norte de España, he llegado a casa con la rueda de la maleta rota, las piernas llenas de picaduras de mosquito y las deportivas manchadas de semen.

No sé qué elegir como contenido de esta entrada. Podría publicar los textos que escribimos cuando estábamos colocados. O las fotos. O los vídeos. O los audios. Audios que grabábamos a escondidas para no interrumpir la inspiración del que hablaba. Debería pasarlos al ordenador antes de que los borre sin querer, antes de que mi móvil muera, antes de que se me caiga al váter. Esos audios son puro fuego, las confesiones más oscuras de El triángulo en bermudas.

Y dado que no sé qué de todo ese material escoger para esta entrada, la voy a dejar abierta. Porque de esa manera (no eligiendo nada) consigo preservar todo el potencial de lo que podría ocurrir (y ocurrirá).

Este viaje con El triángulo en bermudas ha sido lo más importante que me ha pasado en años. Más que cualquier viaje de los que hice en el Erasmus. ¡Y más que el propio Erasmus! (Espero que la gente que conocí en Bratislava no se pique al leer esto jajaja os prometo que si en las próximas entradas consigo verbalizar todos los pensamientos que ahora tengo entenderéis por qué ha sido tan decisivo).

Luisma, Gon, tenéis la contraseña de este blog. Sería vuestro si quisierais. Por eso espero que si a vosotros se os ocurre la manera de narrarlo, lo hagáis; yo estoy bloqueada (el fango me llega justo por debajo de la nariz para dejarme respirar, pero los recuerdos están enterrados en el fondo). ¡Nectarinas para todos! O zumo de naranja, lo que prefiráis. Prometo fregar el exprimidor. Pero no colocarlo en su sitio. Pero os quiero.