14.5.15

Acabo de recibir un aviso del Motero diciéndome que llevo mucho tiempo sin publicar algo. No es que haya dejado de escribir sino que últimamente es todo para el club de escritores. Esto creo que no lo he contado por aquí, es una tontería pero para que se entienda: hace medio año hice una prueba para entrar en el club de escritores de Bratislava y me cogieron. Es divertido porque cuando me mandan algún ejercicio que me motiva de verdad, paso varios días dándole vueltas a qué palabras utilizar para decir que cojo la piedra del quizás y la lanzo al río del aunque tú seas muy bonita ¡yo no!
Yo no-quiero.
Yo no-te-quiero.

Y como en la vida tiene que haber de todo (qué frase tan manida pero tan cierta) también me gusta salir de fiesta con los de Družba. Esa chica que es tan bonita y tan vacía me inspira. Me inspira siempre que la veo. Y por tanto NECESITO verla para poder escribir sobre ella, sobre lo preciosa que es y el sentimiento de impotencia que me produce su estupidez. El director del club de escritores me dijo una vez:

“No sonrío porque esté contento sino para poder sacar más información de la gente”.

Aparte del club de escritores, de las fiestas, de los folleteos ocasionales (mi parte favorita de la primavera es cuando los hombres se visten con bermudas y les puedo ver las rodillas), del estudio de pediatría y de cualquiera que sea la asignatura que venga después de pediatría, lo que llena mi vida de amor, pero amor del bueno, del verdad verdadero, son Laura, Valle y Félix. A veces cuando me despido de ellos y me marcho a casa pienso: ¿Cómo puedo decirles que les quiero? ¿Lo sabrán? ¿O se pensarán que voy a mi puta bola siempre y que todo me da igual, incluso ellos, incluso ellos?

Suficiente por hoy. Tengo que irme a estudiar. Por si a alguien le interesa, dejo aquí el ejercicio que leí en el club de escritores la semana pasada:

How long was the night waiting for Bratislava. While she is busy trying to be the twin city of Viena, I prefer her air, her wind. I prefer playing and having fun. Playing at sex with you in Dúbravka. Playing while riding on the N34 drunk, stealing candles, undressing, drinking wine, drinking you, creating magic, feeling magic, living magic. And after all of that, the night had finished. I could not sleep because I knew my alarm would ring in an hour, and had only those sixty minutes to memorize the shape of your nose. You left the damn window open and it was cold, a cold brought by the wind from the forest of Dúbravka. And I thought: I have to hurry because the leaves will fall soon and that’s when we’ll know our Erasmus is over.

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Qué larga ha sido la noche en que esperaba a Bratislava. Y qué aurora más sucia y más extraña.

¿Acaso no debería desearte felicidad? Sí, mereces lo mejor. Un vestido de seiscientos euros. Esmalte de uñas a juego.

Yo prefiero tu aire. Tu viento. Y tú, ser la ciudad gemela de Viena.