Follamigos.

“Es sólo sexo”.

¡¿Qué?! No. Nunca es sólo sexo. Cómo va a ser sólo sexo si me he aprendido de memoria la forma de tu nariz. Si, cuando estamos todos juntos en el Zlatého Bažanta, una mirada, una chispa, un centelleo dice: sabes a qué suenan mis orgasmos, los demás no tienen ni idea. Todos somos amigos pero sólo tú has amanecido en Borška viendo nuestras marcas de guerra en mis sábanas.

No. Nunca es sólo sexo. Cuando follo, estoy contigo a muerte.

Blúmental.

Veintidós de abril. Dos descubrimientos. Dos ¡Eureka!

¡Eureka! número uno: me he dado cuenta de que existe una aplicación, una versión móvil, de Trianguloenbermudas.

¡Eureka! número dos: saquémosle el máximo partido a la tecnología y publiquemos esta escena en tiempo real, desde la orilla del río Danubio (una musa líquida), porque noto la sensación, La Sensación, la tengo, la he vuelto a encontrar, una vez más. El cielo no es una cúpula donde hay estrellas dibujadas.

Todo esto es una broma, sé que no puedo atrapar La Sensación, siempre se escapa. Pero siempre vuelve. Y siempre se escapa. Y siempre vuelve. Estas líneas son mentira, pero voy a buscar una escalera para subir hasta allí arriba.

Mickiewiczova.

Por supuesto que se puede comprar buen pan en Bratislava. Es el alimento básico, si no tuvieran ni siquiera esto, ¿qué les quedaría?

Y también se puede aprobar Pediatría. A la segunda va la vencida. Para celebrarlo, he ido a tomarme una cerveza con mis amigos y… Que no, que es coña. Para celebrarlo, he empezado a preguntarme de dónde voy a estudiar el siguiente examen, que lo tengo dentro de un día. Whatsapp muérete pero Facebook-chat sálvame la vida, y por ahí me han enviado la mierda de apuntes de los griegos, así que finalmente me he comprado el libro con el que se lucra nuestro profesor.

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Social Medicine. ¿Por qué? Sencillamente… ¡¿por qué?! Al abrirlo, lo único que puedo pensar es: ¿podré copiar en el examen? Pero bueno, mejor voy a contaros una anécdota graciosa.

[Anécdota eliminada porque un lector me ha dicho que si sigo publicando ese tipo de contenido voy a acabar mal. No estoy de acuerdo pero por si acaso edito esta parte jajaja]

Me despido con una foto del uniforme que llevan aquí los médicos eslovacos. Y a seguir estudiando. Que no pare la fiesta, don’t stop the partyyy!
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I wish for what Finn desires.

Estudiantes de Medicina en época de exámenes:

Clau: “¿Cómo lo llevas?”
Natalia: “Mal. Estoy rallada desde el lunes. Me duele la tripa y me noto una masa dura. Ayer casi me da un ataque de ansiedad porque ¿qué narices puede ser? Nada bueno, sabes…”
Clau: “Me estás recordando a mí el año pasado. En Eslovaquia, como es fácil aprobar, no me noto nada en el cuerpo, pero en Madrid desde acúfenos hasta arritmias”
Natalia: “Pero los acúfenos y las arritmias no son tan graves”
Clau: “Yo siempre pienso que es cáncer”
Natalia: “Yo también. De hecho lo estoy pensando ahora. Pero es que esta vez es una MASA”
Clau: “Y aunque no fuera una masa. A mí cuando me da por pensar eso digo esta vez es la definitiva: tengo cáncer. Después apruebo el examen y ya no tengo cáncer”
Natalia: “Vale…”
Clau: “¿Ya estás más tranquila?”
Natalia: “No. Voy a coger cita con el médico”

Santísimo Cristo de los Alabarderos.

Prometí a mis amigos una entrada sobre esta procesión de Semana Santa. Así que simbólicamente la usaré como título y pasaré a escribir acerca de lo verdaderamente importante… ¡Ellos!

¿Quiénes son ellos?

En el puesto número veinticinco tenemos a Guille y su cara de espídico cuando le obligan a entrar en un garito rockero. “Niñooo ponme un poco de bakalaete”.

En el puesto número catorce está su esposa Laura, con un escote tan bonito que no pude evitar preguntarle si está operada. Y no lo está, me lo dijo y me lo demostró.

En el puesto número catorce coma cinco se sitúa Miguel, fiel defensor de la libertad de expresión, aun al precio de ser multado por mear en la plaza de Tribunal. Es curioso que le sancionaran por eso y no por decir que Almudena Grandes es una buena escritora.

En el puesto número catorce coma cincuentayuno hay un cascabel llamado Gonzalo. ¿Os suena? Es el artífice de una de las anécdotas más bizarras de El Triángulo en Bermudas: le practicó una felación al del puesto número catorce coma cinco delante del resto de pasajeros que viajábamos en ese coche. Y después nos dejó tirados en Barajas. Maletas incluidas.

En un puesto al que no sé ni cómo numerar está Marcos. “Tú tienes cara de do sostenido”, le dijeron en la cola del Ruso. Limpiagafas sin causa.

On the other hand, tenemos a la notas de Anabella. Ayer quedamos para patinar y apareció con los patines de cuando éramos pequeñas. Cuando los sacó de la mochila, se dio cuenta de que le ha crecido el pie (no jodas, ¿en serio? ¿los pies crecen?) y de que no le valían, pero aún así se los puso y se dedicó a hostiarse por Madrid Río.

Seguimos con las menciones y aquí aparece mi ángel de la guarda, que se llama Cristina y que me quiere y vela por mi alma. (Cris, no olvides aquella tarde en Caramuel, te lo dije todo).

No, a mí tampoco me sorprende que haya dejado para el final a Dragoncito. Ya no sé qué más puedo contarte Luisma, si dentro de mi cerebro vives tú y lo sabes todo. Eres la luz de doce mil estrellas.

Mi familia es el podio, el pedestal de oro macizo. Por eso he reservado para el final de los finales a mis hermanos. Creo que… No sé… Que es imposible que yo tenga esos genes, mis hermanos me parecen tan increíbles que pienso que yo heredé los cromosomas defectuosos.

Dijo Freud que sus padres le dieron la vida, pero que esa vida le pertenecía a él. Por eso a papá le digo que no se preocupe, que me estoy replanteando lo de escoger Psiquiatría. Todavía está a tiempo de henchir su pecho de orgullo diciendo que su hija es cirujana (venga Clau, no te lo crees ni tú lo que estás diciendo). A mamá le digo que… Bueno, mejor se lo cuento ahora cuando se despierte. A las cuatro de la mañana va a sonar su alarma para llevarme al aeropuerto.