Oba – obaserving the hypocrites.

Eyyy qué pasa tronquis. ¿Qué os apetece que os cuente hoy? Hace unos días quise escribir acerca de cómo fue mi retorno a Eslovaquia pero no me dio tiempo, estuve ocupada viviendo una de mis consabidas fases hipomaníacas. Y, como todo lo que sube baja, ahora me encuentro en un punto de inflexión tremendo. Así que ahí va una pequeña anécdota:

Surcando los idílicos montes nevados de mi amado barrio bratislavo, sintiéndome absolutamente hasta la polla de todo y no deseando otra cosa que llegar a mi santa casa para poder pegarme un tiro, comienzo a cruzar un semáforo en verde y un coche que quería saltárselo frena en seco. Me pita. Con la única intención de joderle, aminoro la marcha. Me pita. Le hago un corte de mangas. Me pita. Sigo ahí parada y de repente me veo en tercera persona y digo: Claudia, ¿Qué estás haciendo? ¿Por qué peleas? ¿Por qué esta rabia?

Así que llego a mi mansión (sólo superable por unos cartones debajo del Most SNP), muto de look homeless a look ultra-homeless, me meto en la cama y pienso: la única persona que vive dentro de mi mente soy yo y estar contenta es responsabilidad mía. Con respecto a aguantar a gente Erasmus insufrible sólo porque son Erasmus y debemos hacer piña, se acabó. Como dijo Adela: “Paso de ese tío, yo no tengo por qué ser una ONG”.

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