¿Desánimo?

Enciendo el ordenador, escribo el título del trabajo de Pediatría y ya me entran los siete males. Differential diagnosis of jaundice in newborn. “Venga Claudia, que esto tiene que ser interesante, seguro que te gusta estudiártelo”. Pero no, ya he descartado el tratar de autoengañarme de esa manera, llevo muchos años intentándolo y nunca ha dado resultado. Cada vez que me pongo frente al libro de la asignatura de turno: “venga que esto mola, te lo juro, te lo prometo, te lo ruego: ¡estudia!”. Creo que el punto de no retorno, el momento a partir del cual dejó de tener sentido pensar en dejar la carrera, fue tercero de Medicina. Cuando me estaba matriculando de esas asignaturas dije “venga, que ya vas por la mitad”. Pero cuando me matriculé de las de cuarto fue un “bueno, llevas la mitad pero todavía te queda la segunda mitad“. Y ya quinto ha sido el acabose: aprobar haciendo el mínimo esfuerzo, y ni siquiera me importa este gap de conocimientos que estoy generando; aterrizaré en sexto arrastrando una carencia tremenda. Bueno, tampoco hay que exagerar, sí que me importa, pero no porque me interese lo más mínimo el temario que deberíamos estar estudiando, sino de cara al MIR. Estos días he estado leyendo el blog de un R1 en Psiquiatría; escribió semana por semana cómo fue su preparación al MIR. Me he sentido muy identificada con él, con sus dudas acerca de si había elegido la carrera correcta, con su penuria por todas las asignaturas que hay que tragarse para aprobar la carrera y sólo estudiar algunas pinceladas sobre Psiquiatría. No puedo ni imaginarme lo que va a ser volver a Madrid el próximo año y recuperar la carencia de este curso. Dicen que no importa porque la preparación al MIR se hace con la academia; también dicen que aunque estudies quinto en Madrid a buen nivel se te olvidarán bastantes cosas para el MIR, pero dudo que sea lo mismo “olvidar” que no haberlas siquiera estudiado.

En teoría, el MIR se empieza a preparar durante el sexto año de la carrera, lo cual me parece matador. Mi padre me dijo que no hiciera eso, que primero terminase sexto y después empezara a preparar el MIR y lo hiciera un año después que mis compañeros. Esto me lo comentó el año pasado y yo ni siquiera le presté atención, como siempre que me da consejos acerca de mi carrera, pues lo primero que se me viene a la cabeza es el típico “tú no has estudiado Medicina así que no sabes lo que es”. En cambio, el otro día hablé de todo esto con mi madre por Skype y me dijo lo mismo que él. Ella no sólo hizo el MIR un año después de terminar sexto sino que encima lo repitió para poder sacar la plaza que quería. Y ahora es jefa de servicio. Creo que uno de los mayores alicientes que tuve para escoger esta carrera fue ver a mi madre caminando por los pasillos de su hospital. La admiraba. Y la admiro. Pero ya han pasado muchos años desde que me generé aquel ideal sobre “mi madre la doctora, la heroína”, y ahora que mis valores acerca de la vida han cambiando tanto… yo que sé, me pregunto por qué sigo aquí, si merecerá la pena (qué gracia, mientras escribo estas líneas mi fuerza interior me está gritando: ¡sí, merecerá la pena, ya lo verás!). Gracias a Dios ya ha dejado de tener sentido el preguntarse si dejar la carrera porque ya he llegado a quinto; además parece que Psiquiatría me llama la atención. Quizá he de cambiar mi ideal de ser la médico que camina por los pasillos con su bata blanca y su fonendo, que era lo que me entusiasmaba por aquel entonces cuando veía a mi madre; quizá ahora el ideal pueda ser algo que ya hoy en día me gusta hacer: otorgar una nueva visión a las personas que sufren, intentar transmitir felicidad. Quizá no curar pero sí calmar. Dicen que la Psiquiatría es poco resolutiva (algunos repelentes estudiantes de Medicina siempre con la misma cantinela) pero en mi opinión aliviar el sufrimiento del alma puede ser igual de importante.

De todas formas, me parece impensable tener que dedicar un año más al MIR, prefiero pensar en terminar un año antes aunque sea el peor de mi vida, que sin duda lo será, porque este año me estoy dando cuenta de que soy tan feliz precisamente por no tener que dedicar tanto tiempo a estudiar cosas que no me importan. O no ya que no me importen sino que me producen todo un abanico de sentimientos negativos: ansiedad, tristeza, asco…

Puede que hoy no sea uno de mis mejores días, por verme con el agua al cuello con el trabajo de Pediatría y por tener mañana examen de Dermatología. Además, ensayo de siete a diez y todavía no tengo nada mirado del viaje a Praga, lo cual es alarmante dado que voy sola (aunque el sábado veré allí a unos amigos). Supongo que lo mejor que puedo hacer ahora es dejar de pensar en qué será de mí en sexto e intentar disfrutar de quinto (dejar de sentirme culpable). Además es posible que esté viendo el MIR como una montaña más grande de lo que en realidad es debido a esta desconexión tan grande que tengo ahora con la carrera; puede que al volver a España y empezar sexto vuelva a meterme en ese hábito de estudio tan horroroso pero que una vez dentro te dejas llevar y lo terminas sacando. El otro día intenté empezar a subrayar mis apuntes, por aquello de obligarme a entender las palabras que leía (las tardes anteriores habían sido de pasear mis ojos por las páginas sin entender nada) y me entró la duda de qué significaba cada color de los rotuladores que tengo en el estuche jajaja. Yo solía tener un código de colores, me gustaría tener aquí algunos de mis apuntes de Madrid para recordar cómo se estudia.

Algo que siempre me funciona, y lo dejo aquí escrito para cuando la Claudia del futuro me lea, por si se le llega a olvidar, es preguntarme cuál sería la otra opción. ¿Preferiría no haberme ido de Erasmus y haberme quedado en Madrid puteada hasta el extremo para no perder el ritmo de estudio que se espera de mí en el MIR? Definitivamente no. Habría sido insufrible y puede incluso que hubiera tenido que dedicar dos años a hacer quinto, no sólo porque es el curso más difícil de esta carrera sino porque además me quedaba la asignatura más gorda de cuarto; menos mal que la pude convalidar aquí trucando el Learning Agreement: spanish spirit, siempre trampeando. También tengo a veces el pensamiento de que gracias a esta carrera me decidí a irme de Erasmus, fue casi una obligación (“o me voy o no soy capaz de terminarla”), cosa que si hubiera estado en otra carrera y en una situación más confortable quizá no habría hecho (“adoro Madrid, ¿por qué Bratislava?”, pensaba yo hace un año; menos mal que me vi forzada a ello, ahora amo las dos ciudades).

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Me despido con esta foto de la derrota de Eslovaquia frente a Rusia. Me lo pasé muy bien viendo este partido, excepto por la incomodidad de que el eslovaco se empeñó en pagarme la entrada (18 euros) y yo no podía parar de preguntarme si él consideraría aquello como una cita. Pero en el fondo me la sudaba, allá él.

En fin, pase lo que pase con el MIR tengo la certeza de que será para bien. Si no me da la nota para Psiquiatría, siempre me quedará Anatomía Patológica. Sé que voy a ser feliz de todas formas, cualquiera que sea la especialidad que pueda escoger. Y ahora… ¡a por Pediatría!

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