Morir de dicha.

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Y mientras volvía a casa en el primer tram de la mañana, mirando las luces de Bratislava a través la ventana, no pude evitar sentir decepción hacia esta ciudad. Pero como el camino de vuelta era largo, me dio tiempo a reflexionar e intentar cambiar ese sentimiento negativo. Las calles no son bonitas pero la historia que está ocurriendo aquí sí que lo es. Bratislava es el escenario donde han coincidido personas increíbles que gracias al Erasmus están lo suficientemente poco absorbidas por los estudios como para… vivir.

La Hobbit (profesora de Neuro): “Now I’m going to print some notes you need for the exam”
Rafa: “Can I have one, please?”
La Hobbit: “What group are you?”
Rafa: “I’m an Erasmus student”
La Hobbit: “Then you don’t need it”

Jugué con Ivan a mantener una conversación hablándonos él en alemán y yo en español.
C: “Oh my God you’re so hot when you speak in German!”
I: “Did you understand anything?”
C: “Nothing at all”
I: “I was telling you about why my flat is such a mess”
C: “And why is it?”
I: “Because one of my flatmates is a disaster”
C: “Have you tried talking to her?”
I: “Yes, several times”
C: “What did you say?”
I: “I said: Are you a pig?”
C: “I thought that sharing a flat was about living experiences with your flatmates, doing things together…”
I: “Who told you that? The movies?”

Sentados en un tram, Felix nos preguntó a Ivan y a mí si le podíamos tomar la lección del examen de eslovaco que tenía al día siguiente. Terminaron enseñándome eslovaco a mí.
C: “How do you say four?”
F: “Štyri”
C: “Oh, what a beautiful word! Can you show me how to say all the numbers?”
F: “Come on, I’m the one who is having an exam tomorrow!”

Otro grande del que todavía no he hablado es Vadim, un letón graciosísimo. Me encantan sus gestos, es muy expresivo. Vamos juntos a todas las reuniones de Couchsurfing porque somos vecinos (los únicos que vivimos en Mordor, digooo Karlova Ves) y cada vez le toca a uno invitar al otro a cenar antes de ir hasta allí. Nos gusta hacer intercambio de nuestros escasos conocimientos culinarios.
V: “Claudia, take a picture of me, please. I’m gonna send it to my mother because she doesn’t believe I’m cooking”.

Siempre que viene a cenar trae bombones de Riga. Se me llegaron a acumular tantos que los llevé a un ensayo y los de mi grupo estaban encantados, pringando de chocolate los instrumentos. Mientras cocinamos, hacemos turnos para elegir la música. Ya conozco un montón de bandas letonas de heavy metal.

La última reunión de Couchsurfing acabó en el KC Dunaj, con una española diciendo “¿Pero qué hacen aquí los eslovacos para ligar? ¡Si están todos parados, sólo vienen a beber! Esos de ahí están buenos, vamos a entrarles”. El guaperas del grupo resultó no saber inglés, pero eso no aminoró sus intenciones: tocándome el pelo dijo “Beautiful eyes!”. Vivían todos en la misma casa. El tipo me mintió diciéndome que en su habitación dormía solo (era patente el engaño dado que había dos camas deshechas), dejando fuera a su amigo, que cuando se cansó de esperar llamó a la puerta y nos gritó algo en eslovaco, a lo cual yo le dije al diccionario inglés andante: “Tell your friend that he can come and join us”. Se sentó a nuestro lado. Lo único que acertó a decir fue: “What the fuck?”

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