Valhalla, I am coming!

Al igual que en esta canción de Led Zeppelin, hoy surcaré los verdes prados de Eslovaquia, Austria y República Checa hasta llegar a Praga. No me extraña que sean tan verdes, ya estamos a menos dos putos grados, y la niebla se niega a desaparecer. Pero todo es precioso cuando acabas de aprobar Dermatología sin tener la más mínima idea ni de qué va esta asignatura. Y eso que ayer me propuse estudiarla cuando volviera del ensayo, debido, como os conté en la anterior entrada, a mis preocupaciones míricas. Pero ayer…

… ayer no pude estudiar. ¡Tuve que vivir! El ensayo fue increíble, sobre todo por dos cosas (vamos a redactar esto en plan trabajo de Pediatría, sí, ese que todavía no he terminado):
1.- Por fin probé el pedal de efectos que me ha regalado el guitarrista. Alucinante. No sé describir con palabras cómo fue la sensación de escuchar mi voz tan nítida, sonaba genial. En los ensayos anteriores casi no me distinguía del resto de instrumentos, me quedaba ronca de tanto forzar.
2.- Tenemos nueva integrante en la banda. Cuando me dijeron que iba a venir a probar una chica para sustituir a nuestro batería (que no pegaba palo al agua, ni al tambor) tuve el típico pensamiento gilipollesco de “mierda, ya no voy a ser la única chica del grupo” pero me duró poco. Me gustó mucho ver cómo se desenvolvía entre nosotros aun siendo la sesión de prueba. Yo he probado en varios grupos a lo largo de estos dos años y la primera sesión es de muchos nervios. Como nunca he empezado una banda desde cero sino que siempre he ido a probar en bandas ya completas que buscaban cantante, esa sensación de ponerte frente a los otros cinco y que juzguen tus cualidades como frontman hace que te tiemble hasta la voz. A ella le pasó al principio, no daba una, ante lo cual me sentí identificada y no paraba de hacerle gestos de “muy bien, nos estás encantando” para que se soltara; ella me sonreía y cada vez se sentía más cómoda. Además es que las pruebas con los eslovacos, tan serios ellos, son una putada mucho mayor jajaja cuando he probado con bandas españolas había más feedback. Finalmente resultó ser una crack con la batería, además de majísima y guapísima (a la porra los celos: me la tiraría).

Llegaron las diez de la noche, hora de terminar el ensayo, y nadie quería parar de tocar, estábamos sonando mejor que nunca. Pero cuando el dueño del local vino a darnos el segundo toque de atención, recogimos todo y nos montamos en el coche, momento en el cual recibí un guasap de Valle diciendo que fuera a tomarme una cerveza con ellos. La obligación de estudiar Derma me llamaba pero con lo poco que se dejan ver César y su preciosa nariz decidí que merecía la pena ir. Qué gracioso es César vistiéndose tan hipster (hasta sus calcetines son pijos) cuando precisamente lo mejor que tiene es algo muy natural que no podría adornar de ninguna manera, su nariz.

Hoy han empezado por fin a publicarse las fechas de los exámenes, menos mal porque estaba esperando a saberlas para coger los vuelos de estas Navidades. Todavía me quedo sin volver a Madrid… ¿se llegarán a vender todos los billetes? Pero la gente que ya los tiene comprados ahora anda cambiando las fechas. Un follón.

Me marcho ya, tengo que hacerme un bocadillo para la cena de esta noche. Aquí o se viaja a lo pobre o no se viaja. Y me encanta.

Anuncios

¿Desánimo?

Enciendo el ordenador, escribo el título del trabajo de Pediatría y ya me entran los siete males. Differential diagnosis of jaundice in newborn. “Venga Claudia, que esto tiene que ser interesante, seguro que te gusta estudiártelo”. Pero no, ya he descartado el tratar de autoengañarme de esa manera, llevo muchos años intentándolo y nunca ha dado resultado. Cada vez que me pongo frente al libro de la asignatura de turno: “venga que esto mola, te lo juro, te lo prometo, te lo ruego: ¡estudia!”. Creo que el punto de no retorno, el momento a partir del cual dejó de tener sentido pensar en dejar la carrera, fue tercero de Medicina. Cuando me estaba matriculando de esas asignaturas dije “venga, que ya vas por la mitad”. Pero cuando me matriculé de las de cuarto fue un “bueno, llevas la mitad pero todavía te queda la segunda mitad“. Y ya quinto ha sido el acabose: aprobar haciendo el mínimo esfuerzo, y ni siquiera me importa este gap de conocimientos que estoy generando; aterrizaré en sexto arrastrando una carencia tremenda. Bueno, tampoco hay que exagerar, sí que me importa, pero no porque me interese lo más mínimo el temario que deberíamos estar estudiando, sino de cara al MIR. Estos días he estado leyendo el blog de un R1 en Psiquiatría; escribió semana por semana cómo fue su preparación al MIR. Me he sentido muy identificada con él, con sus dudas acerca de si había elegido la carrera correcta, con su penuria por todas las asignaturas que hay que tragarse para aprobar la carrera y sólo estudiar algunas pinceladas sobre Psiquiatría. No puedo ni imaginarme lo que va a ser volver a Madrid el próximo año y recuperar la carencia de este curso. Dicen que no importa porque la preparación al MIR se hace con la academia; también dicen que aunque estudies quinto en Madrid a buen nivel se te olvidarán bastantes cosas para el MIR, pero dudo que sea lo mismo “olvidar” que no haberlas siquiera estudiado.

En teoría, el MIR se empieza a preparar durante el sexto año de la carrera, lo cual me parece matador. Mi padre me dijo que no hiciera eso, que primero terminase sexto y después empezara a preparar el MIR y lo hiciera un año después que mis compañeros. Esto me lo comentó el año pasado y yo ni siquiera le presté atención, como siempre que me da consejos acerca de mi carrera, pues lo primero que se me viene a la cabeza es el típico “tú no has estudiado Medicina así que no sabes lo que es”. En cambio, el otro día hablé de todo esto con mi madre por Skype y me dijo lo mismo que él. Ella no sólo hizo el MIR un año después de terminar sexto sino que encima lo repitió para poder sacar la plaza que quería. Y ahora es jefa de servicio. Creo que uno de los mayores alicientes que tuve para escoger esta carrera fue ver a mi madre caminando por los pasillos de su hospital. La admiraba. Y la admiro. Pero ya han pasado muchos años desde que me generé aquel ideal sobre “mi madre la doctora, la heroína”, y ahora que mis valores acerca de la vida han cambiando tanto… yo que sé, me pregunto por qué sigo aquí, si merecerá la pena (qué gracia, mientras escribo estas líneas mi fuerza interior me está gritando: ¡sí, merecerá la pena, ya lo verás!). Gracias a Dios ya ha dejado de tener sentido el preguntarse si dejar la carrera porque ya he llegado a quinto; además parece que Psiquiatría me llama la atención. Quizá he de cambiar mi ideal de ser la médico que camina por los pasillos con su bata blanca y su fonendo, que era lo que me entusiasmaba por aquel entonces cuando veía a mi madre; quizá ahora el ideal pueda ser algo que ya hoy en día me gusta hacer: otorgar una nueva visión a las personas que sufren, intentar transmitir felicidad. Quizá no curar pero sí calmar. Dicen que la Psiquiatría es poco resolutiva (algunos repelentes estudiantes de Medicina siempre con la misma cantinela) pero en mi opinión aliviar el sufrimiento del alma puede ser igual de importante.

De todas formas, me parece impensable tener que dedicar un año más al MIR, prefiero pensar en terminar un año antes aunque sea el peor de mi vida, que sin duda lo será, porque este año me estoy dando cuenta de que soy tan feliz precisamente por no tener que dedicar tanto tiempo a estudiar cosas que no me importan. O no ya que no me importen sino que me producen todo un abanico de sentimientos negativos: ansiedad, tristeza, asco…

Puede que hoy no sea uno de mis mejores días, por verme con el agua al cuello con el trabajo de Pediatría y por tener mañana examen de Dermatología. Además, ensayo de siete a diez y todavía no tengo nada mirado del viaje a Praga, lo cual es alarmante dado que voy sola (aunque el sábado veré allí a unos amigos). Supongo que lo mejor que puedo hacer ahora es dejar de pensar en qué será de mí en sexto e intentar disfrutar de quinto (dejar de sentirme culpable). Además es posible que esté viendo el MIR como una montaña más grande de lo que en realidad es debido a esta desconexión tan grande que tengo ahora con la carrera; puede que al volver a España y empezar sexto vuelva a meterme en ese hábito de estudio tan horroroso pero que una vez dentro te dejas llevar y lo terminas sacando. El otro día intenté empezar a subrayar mis apuntes, por aquello de obligarme a entender las palabras que leía (las tardes anteriores habían sido de pasear mis ojos por las páginas sin entender nada) y me entró la duda de qué significaba cada color de los rotuladores que tengo en el estuche jajaja. Yo solía tener un código de colores, me gustaría tener aquí algunos de mis apuntes de Madrid para recordar cómo se estudia.

Algo que siempre me funciona, y lo dejo aquí escrito para cuando la Claudia del futuro me lea, por si se le llega a olvidar, es preguntarme cuál sería la otra opción. ¿Preferiría no haberme ido de Erasmus y haberme quedado en Madrid puteada hasta el extremo para no perder el ritmo de estudio que se espera de mí en el MIR? Definitivamente no. Habría sido insufrible y puede incluso que hubiera tenido que dedicar dos años a hacer quinto, no sólo porque es el curso más difícil de esta carrera sino porque además me quedaba la asignatura más gorda de cuarto; menos mal que la pude convalidar aquí trucando el Learning Agreement: spanish spirit, siempre trampeando. También tengo a veces el pensamiento de que gracias a esta carrera me decidí a irme de Erasmus, fue casi una obligación (“o me voy o no soy capaz de terminarla”), cosa que si hubiera estado en otra carrera y en una situación más confortable quizá no habría hecho (“adoro Madrid, ¿por qué Bratislava?”, pensaba yo hace un año; menos mal que me vi forzada a ello, ahora amo las dos ciudades).

Image and video hosting by TinyPic
Me despido con esta foto de la derrota de Eslovaquia frente a Rusia. Me lo pasé muy bien viendo este partido, excepto por la incomodidad de que el eslovaco se empeñó en pagarme la entrada (18 euros) y yo no podía parar de preguntarme si él consideraría aquello como una cita. Pero en el fondo me la sudaba, allá él.

En fin, pase lo que pase con el MIR tengo la certeza de que será para bien. Si no me da la nota para Psiquiatría, siempre me quedará Anatomía Patológica. Sé que voy a ser feliz de todas formas, cualquiera que sea la especialidad que pueda escoger. Y ahora… ¡a por Pediatría!

Mindfulness.

Mi vaho se fundía con la niebla. Eran las siete de la mañana y aquel lunes veinticuatro de noviembre apenas se dejaba ver. Yo caminaba a ciegas en busca del tram, no llegaba demasiado tarde al hospital así que podía deleitarme con cada respiración: mi vapor se elevaba y llegaba hasta las copas de los árboles.

En el transbordo, me encontré con los italianos. Los días que no coincidimos porque a ellos les toca en otro hospital les echo mucho en falta. Siento un feeling especial con ellos porque son muy pasionales y expresivos. Cuando hablan en esa lengua tan bonita me hipnotizan. Llegué y les dije: “Monday at last!”. Se encogieron de hombros como diciendo “esta es tonta”. Mas ¿por qué no disfrutar de que sea lunes? Me ha dolido tanto como a vosotros el despertador pero ahí estábamos todos los madrugadores juntos en el tram: sufrimiento compartido. Aunque creo que lo que más me descolocó fue poner la alarma ayer por la noche, después de lo que ha sido este fin de semana. Fue una mezcla entre no querer (por supuesto, nadie quiere levantarse tan temprano) y pensar “menos mal que ya toca ir a clase, necesito un hilo conductor, ¿a dónde iría a parar si no?”.

Y todo para llegar a Krámare y que nos mandasen a casa. Hace unos días recibí un email sobre la asignatura de Práctica Clínica en Madrid y casi hasta me dio envidia (“vaya, debe de ser interesante aprender esas cosas, yo que aquí no estoy haciendo nada… apenas veo pacientes… ¿qué me estaré perdiendo?”). Así que nos fuimos a tomar un café. El gran Toño, Antonio, eslovaco de pura cepa, y Rafa se lamentaban, como buenos estudiantes de Medicina que son, acerca de lo larga que es esta carrera. Me pregunto si el estudiante de Medicina no puede dejar de quejarse ni siquiera en la hora del recreo. ¿Por qué no deleitarse con el aroma del café? Ya estaremos puteados esta tarde cuando nos sentemos en la silla de la biblioteca, pero ahora disfrutemos de cada sorbo y del escote de la camarera.

La Medicina es una amante esquiva. Hace poco más de un año estaba preparando el examen de Otorrino y la ansiedad me llevó al punto de pedirle a mi madre que me hiciera una Resonancia Magnética en su hospital porque oía un zumbido y había estudiado que podía tener un tumor. Hasta que no me la hizo no pude seguir estudiando. Mientras escribo estas líneas me visualizo a mí hace un año mientras me inyectaban el contraste de gadolinio y me ponían la máscara en la cabeza para que no me pudiera mover. Pero incluso ahí el Mindfulness me ayudó y, como tuve que estar cuarenta minutos inmóvil, inventé una canción acerca de lo que se sentía cuando te hacen esa prueba; era algo así como “mis oídos zumbaban, pavor en la Resonancia”.

Natalia es mi estudiante de Medicina preferida: en la línea habitual de locura pero sin llegar a desquiciarse. Siempre dispuesta a empezar a leerse el último tema ya de camino al examen o a faltar a su primer simulacro del MIR. Con perlas como: “No te preocupes por Cirugía, yo la aprobé y no sé hacia qué lado está el estómago”, o bien: “A todos nos cuesta ponernos a estudiar después del verano, yo el primer día que fui a la biblioteca me compré unos zapatos por internet”.

Pero como diría Alberto (El loco de la colina -con cariño, porque te aprecio muchísimo-): “Yo este año estoy a otras cosas”. En efecto, estoy a ir mañana a mi primer partido de ice hockey. Estoy a ir el miércoles a Píkovaya Dama en primera fila. Estoy a ensayar el jueves con mi grupo; lo hemos tenido que cambiar de día porque el viernes… ¡estoy a irme cuatro días a Praga!

Me despido con una foto de uno de mis hermanos. Mi ídolo, Ger.
[Edito: foto borrada]
C: “El guitarrista me ha comprado un pedal de efectos. Se ha gastado 200 euros y ni siquiera lo va a usar él”
G: “Bueno, lo va a usar la cantante de su grupo. Cuando te marches, no te lo vas a quedar tú”
C: “Cierto. Pero lo mejor es mi nuevo gato. Juego con mi vecino esquizofrénico a que él me lo envía oliendo a tabaco y yo se lo devuelvo oliendo a colonia”
G: “¿Le echas colonia al gato?”
C: “Sí, para intercambiarnos mensajes de olor”

Germán es la luz de mi vida. Echo de menos sentarme a su lado en el sofá y escucharle tocar la guitarra, cantando juntos Mr. Crowley. Todos necesitamos amor, abrazos y besos. Pero no estamos solos, formamos parte de un misterio profundo, hermoso, al que podemos acceder estando aquí y ahora unidos en el silencio.

Morir de dicha.

Image and video hosting by TinyPic

Y mientras volvía a casa en el primer tram de la mañana, mirando las luces de Bratislava a través la ventana, no pude evitar sentir decepción hacia esta ciudad. Pero como el camino de vuelta era largo, me dio tiempo a reflexionar e intentar cambiar ese sentimiento negativo. Las calles no son bonitas pero la historia que está ocurriendo aquí sí que lo es. Bratislava es el escenario donde han coincidido personas increíbles que gracias al Erasmus están lo suficientemente poco absorbidas por los estudios como para… vivir.

La Hobbit (profesora de Neuro): “Now I’m going to print some notes you need for the exam”
Rafa: “Can I have one, please?”
La Hobbit: “What group are you?”
Rafa: “I’m an Erasmus student”
La Hobbit: “Then you don’t need it”

Jugué con Ivan a mantener una conversación hablándonos él en alemán y yo en español.
C: “Oh my God you’re so hot when you speak in German!”
I: “Did you understand anything?”
C: “Nothing at all”
I: “I was telling you about why my flat is such a mess”
C: “And why is it?”
I: “Because one of my flatmates is a disaster”
C: “Have you tried talking to her?”
I: “Yes, several times”
C: “What did you say?”
I: “I said: Are you a pig?”
C: “I thought that sharing a flat was about living experiences with your flatmates, doing things together…”
I: “Who told you that? The movies?”

Sentados en un tram, Felix nos preguntó a Ivan y a mí si le podíamos tomar la lección del examen de eslovaco que tenía al día siguiente. Terminaron enseñándome eslovaco a mí.
C: “How do you say four?”
F: “Štyri”
C: “Oh, what a beautiful word! Can you show me how to say all the numbers?”
F: “Come on, I’m the one who is having an exam tomorrow!”

Otro grande del que todavía no he hablado es Vadim, un letón graciosísimo. Me encantan sus gestos, es muy expresivo. Vamos juntos a todas las reuniones de Couchsurfing porque somos vecinos (los únicos que vivimos en Mordor, digooo Karlova Ves) y cada vez le toca a uno invitar al otro a cenar antes de ir hasta allí. Nos gusta hacer intercambio de nuestros escasos conocimientos culinarios.
V: “Claudia, take a picture of me, please. I’m gonna send it to my mother because she doesn’t believe I’m cooking”.

Siempre que viene a cenar trae bombones de Riga. Se me llegaron a acumular tantos que los llevé a un ensayo y los de mi grupo estaban encantados, pringando de chocolate los instrumentos. Mientras cocinamos, hacemos turnos para elegir la música. Ya conozco un montón de bandas letonas de heavy metal.

La última reunión de Couchsurfing acabó en el KC Dunaj, con una española diciendo “¿Pero qué hacen aquí los eslovacos para ligar? ¡Si están todos parados, sólo vienen a beber! Esos de ahí están buenos, vamos a entrarles”. El guaperas del grupo resultó no saber inglés, pero eso no aminoró sus intenciones: tocándome el pelo dijo “Beautiful eyes!”. Vivían todos en la misma casa. El tipo me mintió diciéndome que en su habitación dormía solo (era patente el engaño dado que había dos camas deshechas), dejando fuera a su amigo, que cuando se cansó de esperar llamó a la puerta y nos gritó algo en eslovaco, a lo cual yo le dije al diccionario inglés andante: “Tell your friend that he can come and join us”. Se sentó a nuestro lado. Lo único que acertó a decir fue: “What the fuck?”

Brno

Image and video hosting by TinyPic

La logística del viaje a Brno corría a cargo de Felix, que llevaba sin dar señales de vida toda la semana. Ese finde queríamos ir a donde fuera y Felix prometió encargarse de buscar algo barato, pues llevábamos tiempo queriendo hacer un viaje juntos, ya que no coincidimos ni en Cracovia ni en Zvolen. Al fin los planetas se alinearon y el viernes por la noche me mandó un wasap diciendo que al día siguiente tocaba madrugar. Ya que Ivan estaba a mi lado (habíamos coincidido en una fiesta por casualidad -recuerdo su gesto de alegría contenida al encontrarme allí, tan eslovaco él-), le leí el mensaje y, sin siquiera saber dónde íbamos a dormir, allí que fuimos: un alemán estudiante de Teología, un eslovaco estudiante de Sociología y yo. La guinda del pastel fueron Álvaro y Mikel; el primero engañó al segundo de tal manera que el segundo se encontró con el siguiente percal en su habitación:

Image and video hosting by TinyPic
No perdáis detalle, desde los restos de la sangriada hasta el mapa a los pies de Felix. Fue en este viaje donde, inspirada por Ivan, acuñé el famoso “I don’t drink alcohol”. Cada vez me reafirmo más en mi opinión de que no es necesaria ningún tipo de sustancia para hacer el gilipollas. Es más, Ivan siempre ha tenido una pose bastante interesante cuando, sentado a la mesa junto con otros diez eslovacos, su té destaca entre las cervezas.

No estoy autorizada a revelar los detalles de lo que ocurrió aquella noche en esa habitación mientras escuchábamos roncar a Felix. He pedido permiso pero ha sido en vano. Y así, con este circunloquio y pareciendo que ha sido sin querer, dejo escritas estas líneas.

A la mañana siguiente, no había quien se levantara. Mikel dijo que pasaba de nosotros, que se iba a quedar durmiendo, que le teníamos hasta las narices de tanto pedirle champú y sábanas limpias. Afortunadamente, después de un par de cafés cambió de idea y nos deleitó con su presencia también el domingo.

No paré de reír en todo el viaje, Álvaro y Mikel me preguntaron un par de veces si estaba colocada, pero no, Felix y su “¡venga, vamos!” con acento alemán eran motivo suficiente para desternillarse. El susodicho me ha pedido que escriba esta entrada en inglés para que él pueda leerla, pero no me veo capaz, así que a cambio le voy a hacer el protagonista de esta historia subiendo sólo las fotos en las que él aparece jajaja

Image and video hosting by TinyPic
Felix y su Kofola (versión checa de la Coca-Cola).

Image and video hosting by TinyPic
Felix y yo en la caseta del vigilante del castillo.

Image and video hosting by TinyPic
Felix y yo con la mascota oficial de Brno (true story eh… buscad en Wikipedia lo cutre que es).

Image and video hosting by TinyPic
Felix y nuestro arcoíris de agua.

Fue un viaje en el que por compartir compartíamos hasta el cepillo de dientes.
Clau: ¿a que es bueno mi cepillo?
Álvaro: no lo quería decir por si te daba asco pero… sí, me gusta porque es suave y cumple bien su función.

¡Mil gracias Álvaro y Mikel por hospedarnos!

Ljubljana

Couchsurfing es una fuente inagotable de contactos. La primera vez que asistí a una de sus reuniones en Bratislava, conocí al conductor del coche que me acaba de traer desde Ljubljana. En total hemos sido un eslovaco, un polaco, un indio, una china y yo. Seis horas de viaje. Tres días de desfase.

La china ha sido el descubrimiento del viaje, menuda jefa. Sin conocernos de nada (yo ni siquiera sabía que era china) nos invitó a todos a comer en su piso antes de montarnos en el coche. Llegué cuarenta minutos tarde. Cuarenta minutos. La china estaba tan enfadada conmigo que todavía me pregunto cómo hoy nos hemos llenado de abrazos y besos al despedirnos jajaja ¡desde luego aquel no fue un buen comienzo!

El indio y el polaco iban totalmente a su bola. Desde el principio dejaron claro que el único motivo por el que viajábamos juntos era pagar entre todos la gasolina, de hecho apenas les he visto en Ljubljana. El eslovaco otro jefe. Timidillo y serio pero soltando perlas cada vez que le daba por hablar. Desafortunadamente, se alojó en un hostel distinto al nuestro y sólo le vi por las noches. Aunque en realidad a la china también la vi bastante poco, sólo nos encontrábamos en el hostel cuando nos peleábamos por la ducha antes de salir de fiesta. Frase estelar de la china (no cito textualmente porque hablábamos en inglés, pero más o menos fue así): “yo paso de hacer turismo, voy a dormir durante todo el día para follar durante toda la noche”. Y mira que yo no iba con esas intenciones porque después del fatídico polvo del miércoles tenía cero ganas, pero la china me transmitió las suyas jajaja todavía no he decidido cuántos detalles es conveniente escribir en un lugar tan público como es este blog, donde todos sabéis quién soy, pero desde aquí le mando un saludo a Miguel.

Image and video hosting by TinyPic
Image and video hosting by TinyPic

Llegamos a Ljuljana el viernes por la noche, justo a tiempo para degustar el plato típico: carnaza. Acto seguido, y con barriga no ya cervecera sino mórbidamente obesa, fuimos a la fiesta que organizaba Balkan Mafia (evento internacional al que acudieron couchsurfers de diferentes países). Después, fuimos en tropel a un concierto que resultó ser tan insoportable que me vi obligada a colarme en el backstage. El guitarrista era un yonky sumamente atractivo que en el momento de la verdad confesó estar casado y tener una hija.

La frase más repetida a lo largo de la noche fue: “I don’t drink alcohol”. En efecto, inspirada por Ivan (otro eslovaco), ya ni cerveza. Quizá en otra entrada me detendré en explicar el porqué. Muchos me respondían: “You don’t drink alcohol? Come on! You are spanish!”. Mucha tela. Queridos camaradas españoles, ¿no os da qué pensar?

El sábado por la mañana, habiendo dormido dos horas, me escapé de todos ellos. La china dijo que se iba a quedar durmiendo, al indio y al polaco era mejor no tenerles cerca. Así que me fui sola al free tour, donde conocí a tres argentinos con los que pateé la ciudad durante todo el día. Mítico el momento de comprar entre los cuatro una botella de leche recién ordeñada que vendían en una máquina expendedora. Llegué a las siete al hostel, agotada, lo único que quería era meterme en la cama. Pero la china no me lo permitió. Me arrastró a la fiesta que había organizado Balkan Mafia para esa noche. Pocas veces he ido a una fiesta con semejantes pintas y semejantes ojeras. Y en esas condiciones me topé con un tal Miguel. Que tú dirás: ¿te vas hasta Eslovenia para follarte a un gallego?

Doce de la noche. Harta de la discoteca, voy al guardarropa a por mi abrigo y me encuentro con un demente que comienza a hablarme en inglés, pero que al notarnos el acento cambiamos a español. Era francamente divertido, un loco.
– “¿Crees que estoy loco?”
– “Sí. No sé ni cómo me fío de estar aquí sola contigo”
– “Tú también eres rara”
Un demente de campeonato. Conversación de demente. Mirada de demente. Sexo demencial.

Salí de su hostel a las cuatro de la mañana. El domingo madrugamos para turistear por dos ciudades cercanas a Ljubljana. Qué matada de viaje. Y qué increíble la sensación de conocer a tantísima gente de tan diferentes culturas. Menos mal que la china vive en Bratislava, pero otros couchsurfers se cruzaron en mi camino de una manera demasiado fugaz, habría querido hablar mucho más tiempo con ellos. Por ejemplo este psiaquiatra italiano:
Image and video hosting by TinyPic
Le conocí la noche del viernes. Después de llevar media hora hablando, me preguntó:
– Por cierto, ¿qué estudias?
– Medicina.
– ¿Y qué especialidad vas a escoger?
– ¿Cuál crees?
– Psiquiatría.
– Sí ¿cómo lo has adivinado? ¿Y tú a qué te dedicas?
– Soy psiquiatra.

¿Y ahora qué? ¿Qué sucede con toda esa gente maravillosa que se cruza en tu camino una sola noche? ¿Simplemente permanecen en tu recuerdo? ¿Les volveré a ver algún día? Aunque quizá eso sea parte del encanto… Este fin de semana ha sido increíble. Hoy hace exactamente dos meses que empezó mi Erasmus, cuando me he dado cuenta al mirar el calendario no daba crédito. El tiempo está pasando demasiado deprisa, ¡quiero que se detenga!